jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Mano dura?

Muchos de nosotros, seguramente, hemos escuchado decir a políticos, autoridades, docentes y ciudadanía en general que se requiere de "mano dura" o que fue necesario aplicar "mano dura" a tal y cual situación. Cuando presenciamos o somos testigo de situaciones, actitudes, conductas injustas, corruptas o que requieren de corrección pensamos muchas veces que la solución más eficaz es aplicar "mano dura". Lo vemos también en la escuela, en casos que los docentes discuten cómo corregir comportamientos de los estudiantes. En fin, esta expresión es recurrente en muchas situaciones y desde el común de las expresiones.
Pero, ¿Qué significa mano dura?
En muchos casos, resulta siendo solo la aplicación precisa de las normas o reglas, para lo cual, no se requiere de ninguna dureza, sólo se requiere aplicar con firmeza lo que corresponde, y claro, como la aplicación adecuada y firme de las normas , no es lo más frecuente, pues, muchas personas lo reclaman como "mano dura", cuando en realidad, es simplemente hacer lo correcto y lo que corresponde.
En cambio, hay otras ocasiones, en donde hablar de "mano dura" está referido más a lo literal del término, es decir, aplicar la fuerza, el rigor y hasta el maltrato para justificar un  cambio en las conductas de las personas, desde mi punto de vista, es  aplicar la violencia y la agresión para corregir, modificar o "encaminar" comportamientos inadecuados. Considero que éste es el término peligroso y mucho más en escenarios familiares, educativos y sociales.
La "mano dura" desprecia el diálogo, el tiempo y la dignidad de las personas. Paradójicamente   se dice aplicar mano dura para obtener o mejorar la comunicación, la tranquilidad y la paz social. Y estos sucede con frecuencia a pesar que hasta hace poco estábamos en  la Década de la Cultura de Paz (2001-2010), […], que consiste en unos valores, actitudes y comportamientos que reflejan e inspiran una interacción social y una redistribución basadas en los principios de libertad, justicia y democracia, respeto de todos los derechos humanos, tolerancia y solidaridad; que rechazan la violencia y se esfuerzan por prevenir los conflictos abordando sus causas con el fin de resolver los problemas mediante el diálogo y la negociación, y que garantizan el pleno ejercicio de todos los derechos y medios para participar de lleno en el proceso de desarrollo de la sociedad” 
Generalmente, tenemos la creencia que la aplicación de la violencia, la agresión, el castigo (en todas sus formas) ejerce un control duradero  sobre los comportamientos inadecuados de las personas, y esta percepción se debe a que se obtiene un supresión casi inmediata de los comportamientos inadecuados. Desde mi posición, considero que no es así. Sin perjuicio de lo afirmado, propongo  algunos aspectos para el análisis y la reflexión:
  • Existen muchos comportamientos que reaccionan ante determinados umbrales de "mano dura" y se modifican, pero no garantiza que no vuelvan a ocurrir y por tanto, al volver a presentarse, se deberá subir el umbral de violencia, agresión o castigo ¿Hasta dónde y hasta cuándo?
  • Se piensa solo en un efecto inmediato de supresión, de modificación , el inmediatismo con satisfacción de logro y de poder sobre los demás ¿Cuánto dura este efecto y a riesgo de qué?
  • Vieja tensión: ¿"mano dura"producto inmediato vs proceso de mediano y largo plazo?
  • En educación ¿Qué estamos buscando efectos inmediatos y cambios en corto plazo o una formación paciente, eficiente y de permanencia en el tiempo?
  • ¿Qué rol cumple la violencia, el castigo, la agresión, la mano dura en la educación de nuestros estudiantes, de nuestros hijos? ¿Se justifica?




miércoles, 26 de diciembre de 2012

CURSOS DE VERANO EN CISE - PUCP

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La formación de valores en las instituciones educativas



Una de las principales preocupaciones de los docentes es la que se refiere a la formación de valores en sus estudiantes y sobre ellos lo primero que se piensa es  que se trata de un  un espacio especial y de materiales  específicos, así como de estrategia singulares. Sin perjuicio de lo mencionado, debo mencionar que en  educación y en todas nuestras acciones educativas o no, siempre estamos transmitiendo y evidenciando  valores y valoraciones.
Cuando como docentes mostramos preferencias o rechazos por situaciones,  temas o comportamientos, en esos momentos hacemos uso de los valores en los que creemos y es también en esos momentos que vamos transmitiendo dichos valores. En otras palabras, los valores en los que creemos y vivimos diariamente son aquellos que también se transmiten y transfieren en la acción educativa con nuestros estudiantes. Por ello, no existe acto educativo que pueda prescindir de ellos, siempre los valores están presentes.
La gran pregunta es ¿cuáles serán los valores adecuados en los que deben formarse nuestros estudiantes? En el mundo de los valores encontraremos muchos tipos de valor, la literatura especializada nos puede ofrecer una amplia información. Sin embargo, y a pesar de esta gran variedad no todos los valores al usarlos engrandecen a las personas y las hacen mejores personas y más humanas. Ser una persona eficaz, útil, estéticamente bella y sana no garantiza que en uso de esos valores sea mucho más humana.
Solo existen algunos valores que cuando una persona los posee y los usa de forma permanente hace que ella sea mucho más humana. Una persona justa puede no ser eficiente, puede no ser bella, puede no tener dinero pero es mucho más humana que quien no es justa. Porque en este caso, el asumir el valor de la justicia y vivirlo nos convierte en mejores personas y más humanas. Lo mismo podríamos decir de la solidaridad, del respeto, del amor a los demás. Entonces son estos valores los que deben constituir el horizonte por los cuales debemos trabajar y formar en nuestros estudiantes.
El trabajo de la formación en valores exige algunas condiciones, de las que podemos mencionar las siguientes:
  • La institución educativa debe asumir el compromiso de formarlos en todo espacio y en toda situación. Formar en valores no es un curso, es una acción cotidiana y permanente.
  • Nos exige como docentes algunas actitudes necesarias respecto a nuestros estudiantes como son: ser auténtico – aceptación incondicional a nuestros estudiantes – empatía para poder entender y comprender a nuestros estudiantes.
  • Necesitamos capacitarnos para ampliar nuestros conocimientos y habilidades, así como fortalecer nuestro comportamiento ético para poder ser coherentes con nuestras intenciones educativas y formativas.

En suma, debemos tener claridad de los valores en lo que debemos formar a nuestros estudiantes, reconocer  que formar en valores es una acción permanente, no es un curso y por tanto no basta con conocerlos sino en ponerlos en práctica diaria, para la formación no hay tregua en tiempo ni en espacio. Requerimos que se involucren todos los que conforman la comunidad educativa, debemos prepararnos y organizarnos para formar valores. Comprender esta importancia nos debe llevar a comprometernos desde este momento a trabajar para que ellos sean asimilados y formen parte de la vida escolar.

lunes, 5 de noviembre de 2012

De las políticas educativas al aula


En todos los países se formulan políticas educativas, asimismo en los foros y comunidades internacionales, cuando eso sucede lo que se  piensa de inmediato es que se trata de un tema que corresponde solo a los gobernantes, autoridades y a aquellas personas que deben tomar decisiones, o en aquellas organizaciones que elaboran proyectos. Muy pocas veces,  los docentes pensamos que conocer, identificar las políticas son un asunto que nos involucra. Esta idea es común y en consecuencia  hay poco involucramiento al respecto.
No obstante lo planteado, se sabe que solo las políticas educativas tendrán real cumplimiento cuando éstas incidan directamente en los estudiantes, vale decir, cuando las políticas se cumplan en el aula. 
¿Cómo logramos que aquellas grandes formulaciones puedan llegar al aula y causen incidencia en los estudiantes?
Es muy necesario que los docentes se acerquen no solo al conocimiento de estos temas, sino que logren comprender su importancia y lo que es más importante,  que puedan ser aplicadas o consideradas en sus decisiones para con sus estudiantes.
Las políticas educativas se formulan en el ámbito internacional y nacional. Se debe entender que las políticas nacionales referidas a educación cumplen un rol orientador de los gobiernos y sus distintas instancias y niveles. Estas políticas no pueden ser ignoradas al tomar una decisión,  puesto que ellas son las que permiten orientar los destinos educativos y definir metas y resultados como respuestas a la realidad nacional.
Los Proyectos Educativos que se formulan a nivel de Regiones, provincias, distritos e instituciones educativas deben  recoger e incorporar  estos grandes lineamientos para que puedan ser implementados en los ámbitos mencionados respectivamente.  Eso quiere decir que si esta incorporación de las políticas nacionales ha sido elaborada con corrección y pertinencia, entonces, en nuestras acciones educativas estaremos dando cumplimiento a lo establecido en las políticas. Por ello, es tan necesario, como lo hemos mencionado, que no solo se conozcan estas políticas sino que se puedan desarrollar en cada una de sus instituciones educativas.
El proyecto educativo de nuestras instituciones es el nivel más importante de aplicación de las políticas educativas ya que a partir de él se elabora el proyecto curricular y a su vez,  los programas curriculares de grado. Una institución que no cuenta con un proyecto educativo, trabaja de espaldas a estos documentos orientadores de la labor educativa, quiere decir que están educando también de espaldas a las políticas establecidas y en muchos casos con carácter de ley y por lo tanto, obligatorias en su cumplimiento.
Corresponde a docentes y directores en las instituciones reflexionar sobre las implicancias de las políticas institucionales establecidas en los proyectos educativos de la institución y que a su vez serán el reflejo de políticas más amplias, como son las políticas nacionales e internacionales y en ese mismo sentido llevarlas a las aulas. 
Aquellas referidas a equidad de género por ejemplo, se deben reflejar en la igualdad de oportunidades que ofrecemos a niños y niñas en sus aprendizajes, en las actividades, en la matrícula, en las oportunidades de aprender, en  culminar sus estudios sin otorgar privilegios o oportunidades diferenciadas  entre hombres y mujeres.¿Esto se puede ejecutar en las aulas, en las escuelas? Por supuesto que la respuesta es afirmativa.
Igualmente,  con relación a las políticas que se refieren a la atención integral a los niños. ¿Es posible que las atenciones en los niños de  salud y alimentación se puedan gestionar desde el aula, desde la escuela? La respuesta es si. Como docentes, nuestras preocupaciones se centrarán en ello, ya que sabemos que son factores asociados que contribuyen de gran manera en los aprendizajes.
¿Será posible entonces que desde la escuela podamos lograr que las políticas dejen de ser solo una buena intención para convertirse en realidades concretas?

sábado, 6 de octubre de 2012

¿Qué tan importante es la ética o lo ético en la educación?

Cuando pensé en el título de la presente reflexión y decidí en esta pregunta, en verdad me pareció una pregunta muy simple y hasta acaso, poco motivante y además con una respuesta obvia.
Estoy seguro que nadie respondería que la ética o lo ético no es importante en educación, por el contrario, todos reclamamos e insistimos en su importancia. No falta su mención en un seminario o congreso, como alternativa de solución a la diversidad de problemas educativos o para explicar la existencia de los mismos. Sin embargo, y dada su importancia, se espera ver su presencia en algunos o en todos los componentes educativos y naturalmente, en el acto de educar.
La ética ha sido abordada como un contenido específico, vale decir como parte del currículo  como una materia que se debe estudiar o como un contenido transversal, en el mejor de los casos. No obstante que en verdad haya sido así, creo que aún no podemos apreciar sus efectos positivos sobre las actitudes y comportamientos en estudiantes, docentes, autoridades.
Con notables excepciones que seguramente existen,  puedo afirmar que en realidad se hace muy poco para formar éticamente a nuestros estudiantes, docentes y para transformar nuestras escuelas en instituciones educativas éticas. Dentro de mi experiencia educativa tanto en los ámbitos privados como públicos, estoy casi convencido, que la ética y lo ético, no pasa de ser un magnifico discurso, pero que muy pocos son capaces de sostener en la práctica educativa y de hacer de sus instituciones espacios en donde lo ético constituya el criterio primordial en las decisiones educativas.
Y, es que, a pesar de formulación e intención escrita u oral, no siempre se está dispuesto a  cambiar, a mirar lo humano, y a la persona humana como eje más importante del quehacer educativo.
Bastaría que en lo mínimo tuviéramos respeto y al mismo tiempo exigiéramos respeto para empezar a evidenciar un cambio en las miradas, un cambio en las interacciones. El respeto puede ser un buen punto de partida, un respeto recíproco y en igualdad de condiciones, en horizontal y no en vertical. El respeto nos lo debemos todos y sin excepciones.
La presencia de lo ético en los ámbitos educativos, no solo dependen de reglamentos o directivas, de cursos o talleres, sino dependen de un franco compromiso con uno mismo y con los demás en igualdad de condiciones.
Considero que todos sabemos lo que nos corresponde hacer, sin embargo, no todos hacemos lo que debemos. Así pues, el respeto es una actitud y al mismo tiempo una  conducta que está en nuestras manos ejercerla,  no requerimos de asistir a una universidad para poder respetarnos unos a otros, no requerimos de un título, solo requerimos de voluntad. El respeto entre todos en igualdad de condiciones, puede ser un punto de partida para la ética y lo ético, un punto mínimo para que todos nos podamos comprometer. ¿Estamos dispuestos  de empezar ahora o mejor esperamos que otros empiecen para sumarnos?

domingo, 26 de agosto de 2012

Importancia de la participación de las familias en el proceso educativo de sus hijos


¿Cuál es la relación entre comunidad y educación?
Desde mi experiencia, encuentro una estrecha relación entre ambos conceptos. La educación por un lado,  persigue como fin la formación y desarrollo de la persona desde un marco humano  y por otro lado, la comunidad, que es una común unidad, que persigue este mismo desarrollo pero desde la convivencia y sus regulaciones,  las que también buscan el crecimiento humano, en donde los ejes  de este crecimiento son el desarrollo espiritual y el sentido y consciencia del  bien común. La educación entonces, requiere de una comunidad que la sostenga, la haga crecer y lógicamente la regule.
Hace ya bastantes décadas atrás en nuestro país,  se introdujo el concepto  de comunidad en el ámbito educativo, refiriendo a que la institución educativa no era solo una espacio físico en que se albergaba estudiantes con el objetivos de ser educados y de desarrollar aprendizajes, sino que la escuela era un espacio de común unión de  agentes educativos  que actuaban integralmente para lograr los objetivos educativos en sus estudiantes.
La comunidad educativa, es un concepto integral e integrador que distribuye la responsabilidad de educar a los estudiantes entre las familias, docentes, entorno y los estudiantes mismos. Al  mismo tiempo asume que los estudiantes son agentes activos de sus propios aprendizajes, forman parte de la comunidad, la integran y recepcionan las acciones educativas de los docentes, de las familias y de su entorno.
Sin perjuicio de lo mencionado, el rol de la familia siempre jugó un papel muy importante en la educación y en la formación de los hijos y su intervención ha sido históricamente trascendente. Ésta se ha dado  en distintas intensidades, que van  desde la participación activa y permanente en la gestión educativa hasta aquella distante, en la que se concibe a la educación solo como un servicio que se adquiere por derecho o por compra del mismo.
Deseo rescatar entonces el concepto de comunidad para resaltar la importancia de la participación de las familias en el proceso educativo. Por ello, debemos entender que una familia cumple su rol educador y de participación en la educación de sus hijos desde la premisa de una comunidad que educa en la que la familia cobra un protagonismo en la formación de sus hijos y de nuestros estudiantes.
No podemos entender este rol en la educación, sino lo hacemos desde los conceptos de comunidad. La familia forma parte de la comunidad educativa y por tanto, la lleva  a asumir responsabilidades, obligaciones y compromisos, así como su derecho a participar del proceso educativo de sus hijos.
Entonces, se requiere de contar con familias que son consideradas parte de una comunidad,  en la que se constituyen en un factor dinámico, activo y propositivo, porque solo bajo el concepto de comunidad cobra vida el sentido de bien común y de común unión para hacer de la  educación el instrumento necesario del desarrollo y  transformación de la persona, para que ella se más humana y en consecuencia hacer de nuestra sociedad aquel espacio de convivencia sostenida en valores humanos y ético.

viernes, 17 de agosto de 2012

La educación prohibida

No hay avances sin reflexión. Este vídeo nos conduce a una profunda reflexión sobre la educación que estamos desarrollando, que quizá la damos un tanto a ciegas. Entremos en un proceso permanente de hacer reflexión sobre la educación que hacemos. No hay avances educativos sin reflexión educativa. Deseo que aprovechen de la mejor manera este vídeo.

lunes, 2 de julio de 2012

Educación socioemocional

A propósito de la actual y abundante información, así como de noticias acerca del acoso escolar, generalizado en su denominación como bullying, me propongo desarrollar algunas reflexiones orientadas a encontrar en la formación educativa de competencias socioemocionales una posible alternativa que contribuya a evitar una convivencia violenta y agresiva dentro del ámbito escolar.
  • Punta del iceberg. El acoso escolar que se visibiliza como el empleo, en el sentido más amplio del término, de violencia y agresión en las interacciones entre escolares, utilizando distintos medios para dicho fin, es la punta del iceberg. Detrás de estas conductas debemos encontrar una razón. es probable que algunas de las respuestas explicativas provengan del mismo sistema escolar con sus características, intencionalidades pedagógicas y algunas rigideces o tradiciones poco saludables; también podemos encontrarla en el entorno familiar y social del estudiante, costumbres y valoraciones que su familia y su medio utilizan en la resolución de sus problemas o en el uso del poder. En cualquiera de los casos, esta dificultad en la convivencia escolar debe encararse enfrentando alguna de las razones o raíces del problema y no atacando o controlando los efectos visibles. Si hacemos una gruesa comparación, no podemos atacar una infección solo con medicamentos para bajar la temperatura, requerimos lo necesario y efectivo  para erradicar la infección. Lo que significa, que debemos revisar y evaluar el sistema escolar como posible origen de la violencia en la escuela. Igualmente, si pensamos en los entornos,  familiar y social, debemos pasar por revisarlos y que las autoridades formulen las medidas necesarias para su mejoramiento y cambio posterior.
  • Interés superior del niño y del adolescente. Cuando escuchamos las distintas reacciones de propios y extraños sobre los casos de acoso escolar, da la impresión que nos estuviéramos refiriendo a delincuentes. No podemos perder de vista que tanto, niños agredidos y niños agresores, no han perdido su categoría de niños y por tanto, están y deben ser considerados a la luz de la Convención de los derechos del niño y del adolescente. Estos niños se encuentran en procesos de formación, la escuela los acogió para ser formados y educados, y sus familias deberán estar comprometidas en esa misión. Nuestros estudiantes no están en las instituciones educativas, únicamente para recibir información y conocimientos, sino, desde mi punto de vista, para ser formados como personas, como personas cada vez más humanas.
  • Competencias socioemocionales. Se les denomina como competencias por la complejidad de los comportamientos implicados, pero en realidad no reflejan en sentido estricto un enfoque conceptual ortodoxo. Lo que si no se puede pasar por alto, en esta reflexión, es que requerimos con urgencia una formación socioemocional de nuestros estudiantes. Pasar de la formulación programática a la acción concreta y efectiva. Se requiere que la escuela pueda en alguna medida garantizar a la sociedad y las familias que forma en un sentido y dirección correcto. Que forma estudiantes que van aprendiendo a lo largo de su escolaridad a ser adultos, a ser personas responsables, que van a prendiendo a ser ciudadanos, a ser futuros padres y madres responsables, que van a aprender a respetar a las personas independientemente de su apariencia, credo u otra diferencia propia de nuestra diversidad. Las escuelas hoy le aseguran a las familias que sus hijos ingresarán a una institución de estudios superiores, pero aún no son capaces de asegurar que su hijo sabrá saludar y agradecer a toda persona en cualquier circunstancia, por decir lo mínimo.
Debemos hacer un corte, revisar y revisarnos para preguntarnos si ésta, ¿es la educación que deseamos para nuestros estudiantes e hijos?

martes, 12 de junio de 2012

Ser maestro hoy

SER MAESTRO, SER MAESTRA

Diariamente vemos muchos maestros que cruzan y transitan por las calles de la ciudad, pero existen también muchos miles de ellos que no transitan por calles, sino que navegan en ríos, caminan por caminos de herradura, y muchos que luego de varias semanas de estar en sus comunidades bajan a una ciudad o a un centro poblado cercano. Ese maestro, es el maestro con vocación que lo eleva por encima de aquellas condiciones favorables o desfavorables para el ejercicio docente.
Y esto por qué?
Porque el maestro peruano posee una mística que sin obviar las causas justas de lucha, desarrollo profesional y personal, se entrega en el servicio a los demás, desarrollan con total entrega su docencia y permiten el crecimiento y desarrollo de la persona de sus estudiantes, de sus discípulos.  Se sobrepone a las adversidades materiales y morales que atentan contra su magisterio. Propicia el crecimiento de la persona del estudiante al lograr que su personalidad se consolide, se desarrolle de manera integral e integra. El maestro acompaña, media entre las condiciones, los recursos y la persona del estudiante para sus mejores aprendizajes.
Ser maestro en el Perú exige una doble fortaleza ética y moral.
Ética porque debe estar en una permanente actitud de reflexión, que significa observar, asimilar, analizar la realidad y luego determinar aquellos aspectos que deben ser transformados.Y es moral, porque el maestro se desenvuelve dentro de un conjunto de normas inspiradas sobre valores éticos que también regulan sus actitudes y comportamientos profesionales y personales.
Exige estar preparado ante lo que significa la diversidad de nuestra cultural, geografía y podríamos decir también , ante la diversidad de miradas y perspectivas. En este sentido necesitamos un maestro con mirada inclusiva intercultural. Nuestros maestros son valiosos y muy importantes, pero los desafíos que la realidad nos muestra exigen una formación inicial y en servicio sumamente exigente.
Transformar nuestra realidad educativa, no se resuelve de una sola manera, no siempre el problema económico es el principal o el único factor, están también la visión y la concepción de la educación.
¿Educamos para formar personas o solo para instruirlas?, ¿educamos para mantener la misma realidad e inequidad? o ¿educamos para forjar una sociedad más humana, mucho más justa y participativa?
Nada de ello se logra si como educadores no aportamos con nuestro compromiso serio, inteligente y justo en el ejercicio docente.Los cambios se logran con mucho trabajo, los cambios se logran con cambios. La protesta y el reclamo es una forma de expresión del descontento, pero no significa que estamos cambiando, los cambios se dan en la mente y en el corazón de los hombres y mujeres de nuestra patria.El maestro es el profesional que puede y debe propiciarlos. Hagamos de nuestras generaciones presentes y futuras agentes de cambio.
Como educadores tenemos un gran desafío, nuestra realidad es dura y compleja, pero nuestras inteligencias deben superar este desafío, la educación y el maestro como agentes de cambio y transformación. Preparémonos siendo mejores cada día, mirando a cada uno de nuestros estudiantes como una realidad singular, acogiéndolos para que se sientan reconocidos y para al mismo tiempo podamos lograr ascendiente sobre ellos, respondiendo a sus necesidades y mostrando la realidad completa, total, abriendo nuestros corazones para que lo mejor de nosotros pueda ser entregado y pueda mediar en sus aprendizajes.
Termino con una cita del gran maestro puneño José Antonio Encinas: “El maestro es el camarada de mayor experiencia, que aconseja, guía y sugiere. La clase es un laboratorio, un museo, un taller, donde se experimenta, se observa y se trabaja, ya no es el aula donde pontifica el maestro. Desaparece la tortura de las lecciones y de los exámenes, puesto que no hay enseñanza clasificada, sino utilizada. La mejor lección es un proyecto de trabajo, y el mejor examen, su ejecución”




martes, 15 de mayo de 2012

Actitud profesional o valores profesionales

Con regularidad cuando nos sentimos maltratados ante la atención de un profesional o sentimos su indiferencia y frialdad en el trato, nos preguntamos ¿dónde habrá sido formado? ¿si se equivocó de profesión? ¿si su familia no le enseñó acerca del valor de las personas? y cien preguntas más.
Cada vez parece menos soprendente, que ante un médico, abogado, maestro, psicólogo u otro profesional que trate con personas, nos topemos con una persona que contradictoriamente, poco le interesa  la persona.
El dolor humano, muy frecuente en los ámbitos de la medicina, parece ser totalmente ajeno al profesional que se formó para tratarlo, para comprenderlo y para recuperarlo. La esencia de las carreras en ciencias de la salud y específicamente la profesión médica y enfermería, es recuperar a la persona, y la persona enferma o doliente, requiere de la atención, de la comprensión de estos profesionales y no sólo de una camilla, de un fármaco para sentirse "bien".
La angustia, el desconcierto y el miedo que lleva a una persona a recurrir a una consulta jurídica o en búsqueda de la justicia, parece no ser comprendida, sino es solo a la luz de un código, de un procedimiento o de un reconocimiento económico.
El desconcierto de un niño que no entiende, que no sabe cómo actuar o responder, que se enfrenta a un mundo ajeno a lo que le es familiar, lejano de sus conocimientos, muchas veces es abandonado por quien debería comprenderlo, atenderlo y lograr en ese niño desconcertado el aprendizaje necesario para comprender lo nuevo.
Tengo la impresión, que muchos de nosotros, profesionales, hemos sido formados para dominar las técnicas, las estrategias, para una correcta aplicación, pero poco hemos recibido para comprender  al ser humano, para comprender  a la persona como una unidad, como un ser complejo, con su dolor, su historia, sus percepciones y sus sentimientos. Si somos ajenos al dolor, al desconcierto, al desconocimiento, a la angustia humana ¿cómo hacemos entonces para contar con más seres humanos, con más personas que sean más humanas?
Debemos tratarnos como humanos para ser más humanos. Si  el profesional no es capaz de re conocer a la persona como humana y no le otorga el valor que se merece por sí misma, entonces estamos  casi condenados a perder lo poco que de humanidad todavía tenemos. Este es un llamado a reconsiderar lo que hacemos como profesionales y cómo lo hacemos, es un llamado a reflexionar que hay una urgencia: valorar lo humano como eje de nuestras acciones.

jueves, 10 de mayo de 2012

Escuelas éticas

¿Qué es una escuela ética?,  ¿Cuándo se puede afirmar que la es? ¿Cómo se logra?
Desde mi perspectiva, un punto inicial es entender qué es la ética.
Empezaré por decir lo que no es. No es un conjunto de normas o de reglas que establecen lo que está bien o lo que está mal. No se pregunta por lo qué hay que hacer, sino por qué hay que hacer. La ética es el saber práctico que le permite a la persona actuar racionalmente dentro de un marco de valores en los que cree y que  orientan su comportamiento y,  ante los cuales  se pregunta y reflexiona de manera permanente.
En síntesis, la ética es una herramienta  que nos conduce a una reflexión  sobre nuestros comportamientos dentro de un marco valorativo y que permite guardar la coherencia entre dichos valores y nuestros actos.
Estos valores no son cualesquiera, son aquellos que nos hacen mejores personas, que nos hacen más humanos y que pueden ser llamados valores humanos. Esos valores, son los marcos axiológicos de nuestros comportamientos y sobre los cuales la ética nos  permite reflexionar racionalmente.
Un escuela ética, entonces, será aquella que asume como marco valorativo, aquellos que pemiten que nuestros estudiantes, docentes, familias y comunidad, los asuman como parte de un proceso reflexivo y no como una imposición o acciones de inculcación. Pero, además será aquella, que como organización y constituída por personas humanas, hayan integrado como esencia de su dinámica y de su mejoramiento, los procesos de reflexión que actúen como práctica permanente por parte de todos los que integran la comunidad educativa.
Entonces, ya se puede deducir, que no se trata de que la escuela aplique programas específicos para que cognitivamente se "entienda" lo qué es la ética y qué implicancias tiene sobre el comportamiento. La escuela ética, no es aquella que asume un programa de trabajo como elemento externo, tal vez interesante e importante, pero que no se produce como consecuencia de los procesos reflexivos instalados en la institución.
En otras palabras, la inclusión de talleres, cursos o similares sobre ética, no hacen que la escuela lo sea. El asunto no va por la inclusión o no de cursos o programas, sino por una cultura que se hace reflexiva, que se va haciendo ética, y es en esa medida que se convierte en tal.
No existen recetas para que una escuela pueda ser denominada como ética. Considero que hay tres componentes fundamentales para iniciar el camino:
  • Hacer que una escuela pueda ser denominada como ética, sopone que toda la institución, sin excepciones, haya asumido el compromiso de convertirla, de transformarla en ética y de asumir que es un proceso de construcción colectiva y al mismo tiempo de voluntad personal.
  • Un segundo componente es la formación. Esta debe darse en todos los que integran la comunidad educativa y deben afectarse no solo en una dimensión cognitiva, de entendimiento y comprensión, sino también en una dimensión actitudinal y emocional
  • Y, un tercer componente implica, que toda la institución tenga la disposición y el carácter de asumir los cambios  en su funcionamiento. La escuela ya no volverá a ser la misma.
Hablar de escuelas éticas, es también hablar del mejoramiento de la calidad  de la acción y la práctica educativa, porque solo siendo conscientes de lo que hacemos como personas y como profesionales, seremos capaces de transformar nuestra educación. Es la comunidad educativa, la que será consciente de su necesaria transformación y no las miradas externas la que hagan el papel de consciencia externa. La escuela debe ejercitar su conscienica a partrir de sus propios procesos para su transformación y no al revés.

miércoles, 25 de abril de 2012

Educación para el siglo XXI

Recientemente hacía la reflexión con un grupo de estudiantes de educación acerca de la utilización de recursos de internet para desarrollar acciones de orientación educativa con estudiantes de básica regular. En primera instancia se defendía la importancia del contacto personal para este tipo de acciones, cuestionando la posibilidad del empleo de algún recurso con el skype o smiliares, o el uso de un chat para personalizar una intervención de esta naturaleza, o tal vez una intervención más inmediata como el empleo de mensajes de texto o el uso masivo de un WhatsApp. El argumento más fuerte al respecto, se refería a que el "calor humano" era irreemplazable por la inmediatez o la rapidez de los recursos mediáticos. En verdad, a mi me gustó mucho esa defensa del sentido de la educación. Al mismo tiempo, también pensaba en que la educación poco ha avanzado en relación con el desarrollo de la tecnología de la comunicación y la información, y que sus paradigmas corresponden en gran parte a una época que data del siglo XIX. ¿Qué le extrañaría a un maestro de esa época si imaginariamente pudiese viajar en el tiempo a una aula actual en cualquier institución educativa? Tal vez, los aparatos electrónicos presentes, la vestimenta, sin embargo, si encuentra una pizarra y algo con que escribir, si encuentra un grupo de estudiantes en sillas o capetas, sin duda,  se dará cuenta de inmediato que está en un salón de clases ¿Será así?
Creo que hace necesario volver a una pregunta básica en educación, y ella es ¿Qué persigue la educación y por qué existe dentro de un sistema social?
Aún sigo convencido, que la educación cumple un rol de preservar el sentido humano de nuestro género, aunque estos pueda parecer redundante.Vale decir, que su finalidad es formar personas humanas, no cualquier tipo de personas, sino aquellas que son humanas, esto implica, personas que vivan y crean, precisamente en los valores que nos hacen más humanos. La educación entonces sería una garantía que nuestro género humano se mantendría a pesar de los avances tecnológicos y de una sociedad de consumo y del conocimiento, que en ese caso, sería muy probable que dejara de serlo. 
No soy contrario a la modernidad y al uso de los recursos más avanzados, que dicho sea de paso, no están al alcance de todos, creo en la potencia y en algunos casos en la necesidad de emplearlos, pero pienso también en la necesidad de sostener ese "calor humano" en los que todavía muchos creemos, y estoy casi seguro, que de hacer masivo el uso de los recursos tecnológicos, perderíamos progresivamente lo que hoy admitimos como crisis, es decir, la pérdida progresiva de los valores que nos hacen ser más humanos y mejores personas.
Finalmente, la acción educativa sustentada en el contacto personal, en la interacción dialógica, y en la vivencia y vigencia de valores humanos, desde mi perspectiva, es entonces, una garantía en la contribución  de poder construir colectivamente una  sociedad en la que el valor y respeto por la persona sean fundamentales en sus decisiones y políticas. ¿Tú que opinas?

martes, 3 de abril de 2012

Orientación y Tutoría Educativa

Desde hace algunas décadas atrás se le viene otorgando a la orientación educativa y a la  tutoría un peso relativamente importante, y digo relativo, porque creo que debería valorarse  mucho más ambas  acciones. Es más frecuente hablar de tutoría que de orientación, y es que en la mayoría de instituciones educativas es a lo que se le da mayor importancia y además se le concede algunos espacios dentro de una distribución horaria.
Considero como necesario referirme a la orientación como el gran marco formativo sobre el cual las instituciones educativas deben trabajar, y valga la redundancia, deben orientar a sus estudiantes. Pensar en la orientación educativa, no se restringe a la educación básica, sino a toda intención formativa que ocurre dentro del espacio educativo en cualquier institución que pretende formar, vale decir que podemos hablar de orientación educativa en la educación regular, especial, superior o alternativa. La orientación educativa debe estar íntimamente vinculada a los fines y valores que cada institución ha definido y que se inscriben en su proyecto educativo institucional (PEI).
Considerando la afirmación anterior, cuando pensamos en la orientación de los estudiantes debemos hacerlo con una mirada integral y desde todos los espacios educativos que se dan y se ofrecen en la escuela y en cualquier institución educativa. Es así entonces, que las declaraciones valorativas que se encuentran en el PEI se hacen concretas en las acciones educativas ejecutadas. La orientación educativa de un centro transversaliza todo lo que ocurre en ella, educativamente hablando. La orientación está presente en el desarrollo curricular de todas sus áreas, en las actividades culturales, deportivas, en el trabajo con las familias, en la comunidad y en la formación continua de sus docentes. Por ello, la orientación educativa no es un espacio especializado, es toda acción educativa, la orientación educativa no es tarea de un solo docente, sino de todos los docentes  y agregaría además de todo el personal que labora en un ambiente educativo. La orientación y formación de los estudiantes nos compromete a todos. Naturalmente, todos  debemos ser concientes y conocedores de las intenciones valorativas de la institución educativa para poder ponerlas en práctica desde todas nuestras ubicaciones.
Por otro lado, la tutoría es un espacio específico que instrumentaliza en parte, las grandes intenciones de la orientación educativa, lleva al terreno directo con el estudiante un conjunto de estrategias que actúan sobre su formación personal, académica y socioemocional. La tutoría tiene objetivos específicos de acuerdo a las edades, grados o ciclos, se especializa en determinados aspectos de la formación del estudiante y posee un tiempo definido sobre la que actúa. La tutoría es asumida por determinados docentes como un encargo y responsabilidad específica. La tutoría entonces, no es responsabilidad de todos los docentes y de todo el personal, sino de algunos docentes escogidos y preparados para ello. No obstante lo valioso que resulta el trabajo tutorial, la formación y orientación no debe  recalar únicamente en esta acción formativa. Creer que las intenciones axiológicas de la institución, pueden ser trabajadas exclusivamente en los  60 o 120 minutos semanales de trabajo tutorial  constituye un error, y que es muy frecuente comprobarlo. De ninguna manera ese tiempo resulta suficiente para generar cambios actitudinales en nuestros estudiantes, se requiere de una acción conjunta a través de los lineamientos que definen la orientación y formación.
Finalmente debo decir, que para pensar en una adecuada formación de los estudiantes en cualquier modalidad o nivel, se requiere entonces, de acciones de orientación educativa, debidamente definida, organizada y transversalizada por todos y en todas las acciones y actividades educativas. Y, además, de un trabajo específico y especializado como es la tutoría.

martes, 14 de febrero de 2012

El texto escolar ¿medio o fin?

Está nuevamente en discusión el rol que cumple el texto escolar, su uso, su presencia y su protagonismo en los aprendizajes. Hoy la presencia cada vez más imponente de los recursos de Internet, han puesto, más aún, en tela de juicio el rol que el texto escolar cumple en la escuela. Existe desde algunas perspectivas, un serio cuestionamiento   a la presencia del texto bajo una serie de argumentos, tales como la economía, la ecología y la modernidad tecnológica, entre otros, que hacen trastabillar un tanto a su defensa y presencia en la escuela. 
Por otro lado,  nos encontramos también con la discusión oculta, de si la presencia del texto en la escuela, cumple un rol de fin o de medio. Para algunas escuelas, el avance y culminación del uso y abuso del texto escolar se ha convertido en una suerte de indicador de los "aprendizajes" de los estudiantes.
El textos escolar sufre entonces las tensiones que lo colocan entre los textos virtuales o recursos de Internet, y también en la disyuntiva de su protagonismo.
Sobre lo primero, considero que la tensión está mucho más ligada a una cuestión de habituación. Se nos enseñó a leer usando los textos impresos y hemos conocido y aprendido  mucho a partir de esa experiencia. Sin perjuicio de lo mencionado, hoy no podemos negar el acceso a conseguir lo mismo desde la Internet o de los textos virtuales, como se les denomina. Uno sobre la mano y tanteando las hojas y lo otro desde una pantalla, que además hoy se puede digitar para avanzar una página o agrandar las letras o imágenes. ¿Con cuál de los dos tipos de textos se aprende mejor? ¿Será una cuestión solo de hábitos y costumbres?
La otra cuestión sobre su protagonismo, en cualquier tipo de texto (impreso o virtual), pues no tengo mucho reparo en ubicarme en una cerrada defensa de colocar al texto como un medio y no como un fin del aprendizaje. Aunque parezca esta afirmación algo tácita, en la práctica no lo es tanto. En muchas instituciones educativas,el uso, diría mejor el abuso del texto escolar se ha convertido en un fin, se programa a partir de sus contenidos y se mide el avance en función de los capítulos o unidades desarrolladas y aprendidas. Esta posición centrada en el texto, reduce el trabajo del docente en un aplicador y en el estudiante de un asimilador de contenidos preestablecidos en un texto. Queda atrás cualquier intento de personalización de la educación, así como de hacerla intercultural y pertinente. El texto escolar, es un medio, es un instrumento que amplía y  en algunos casos, profundiza la información y tal vez algunas capacidades específicas de los estudiantes. Su uso está supeditado a las necesidades de los estudiantes y nunca al revés.
En suma, tenemos una disyuntiva abierta: el texto impreso y el texto virtual. Y otra cerrada. En ambos casos el texto deber ser una herramienta de trabajo y no el fin de todo proceso de aprendizaje.

viernes, 27 de enero de 2012

El clásico complejo de Adán

Casi no sorprende a nadie, escuchar con frecuencia a ciertas autoridades o nuevas administraciones, decir al asumir sus nuevas responsabilidades, que en anteriores gestiones las cosas se hacían mal o muy mal y que ahora todo se hará o se hace mejor o mucho mejor.
No sorprende cuando se está en el poder,  afirmar con naturalidad que desde ahora todo cambiará y que será mejor que antes.
En realidad, es lo que todos esperamos de alguien que llega al poder,  porque  creemos que llega con aires renovados, con ideas frescas y deseos de hacer mejor las cosas. Esso está muy bien. Todo ello se puede hacer, sin tener que ensuciar a nadie, porque entonces nos deja la impresión que para lucir mejor que  todo y que todos, se necesita ensuciar un poco a los anterior para poder lucir mejor que los demás.
Cuando eso ocurre, lo primero que pienso es en el poco profesionalismo y además una baja calidad de persona. Sin perjuicio de lo anterior, también se debe admitir, sin duda, que todo es mejorable, todo es corregible, pero afirmar públicamente que hay que empezar de nuevo porque todo estuvo mal, es muy temerario. Más aún, cuando no se han empleado de manera transparente procesos evaluativos y se han presentado informes públicos de lo mal que estuvieron las cosas y en consecuencia de ello, que nada se puede rescatar y que todo hay que empezar de nuevo.Todo resulta más grave aún, cuando muchas veces hemos sido conductores de ideas y pensamientos que criticaron la poca continuidad de los procesos y la aplicación del borrón y cuenta nueva sin la presentación de informes públicos. 

En economía, solo se puede enderezar el rumbo hacia una economía próspera, de crecimiento, si los procesos no son interrumpidos en su columna vertebral, se les puede colocar tildes, se pueden dar ciertos énfasis, pero la columna no se mueve. Si esto se hiciera en educación es probable que hoy en día pudiéramos gozar de un servicio educativo de calidad con equidad. En educación requerimos de procesos sostenidos, con rumbos y acciones sostenidas.
Andrés Oppenheimer en su libro "BASTA DE HISTORIAS!La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro",  nos presenta un importante y elocuente recorrido por muchos países que hoy no solo tienen éxito en su economía sino, sobretodo en su educación, aunque podamos discrepar de las metas u objetivos de estas experiencias "exitosas". Sin embargo, considero muy importante destacar dos lecciones, muy importantes desde mi análisis e interpretación: 
  • Inversión sostenida y prioritaria del estado y la empresa privada en educación
  • Continuidad en los procesos, aún  ante cambios de administración y de gobiernos.
Los impactos y efectos de la educación sobre la población no ocurren en un período corto, y eso se sabe desde hace mucho. La educación requiere de acciones sostenidas y sostenibles.
Es tiempo que no sigamos con la misma historia de siempre, avancemos con sencillez. Si sabes mucho y conoces más que tus antecesores, que bueno, bien para el país que hayan personas valiosas y mas inteligentes, pero hay que ser humildes y sabios de  corazón.
Empero, si deseas alcanzar el reconocimiento ensombreciendo a tus antecesores, por muy "sabio" que seas, solo estarás demostrando lo contrario. La sabiduría es hermana de la humildad y sencillez, y la educación no puede,  ni debe seguir siendo víctima de las glorias individuales y las sabidurías egoístas. Es urgente tomar decisiones prudentes, éticas y con sabiduría sobre las lecciones aprendidas.