martes, 15 de mayo de 2012

Actitud profesional o valores profesionales

Con regularidad cuando nos sentimos maltratados ante la atención de un profesional o sentimos su indiferencia y frialdad en el trato, nos preguntamos ¿dónde habrá sido formado? ¿si se equivocó de profesión? ¿si su familia no le enseñó acerca del valor de las personas? y cien preguntas más.
Cada vez parece menos soprendente, que ante un médico, abogado, maestro, psicólogo u otro profesional que trate con personas, nos topemos con una persona que contradictoriamente, poco le interesa  la persona.
El dolor humano, muy frecuente en los ámbitos de la medicina, parece ser totalmente ajeno al profesional que se formó para tratarlo, para comprenderlo y para recuperarlo. La esencia de las carreras en ciencias de la salud y específicamente la profesión médica y enfermería, es recuperar a la persona, y la persona enferma o doliente, requiere de la atención, de la comprensión de estos profesionales y no sólo de una camilla, de un fármaco para sentirse "bien".
La angustia, el desconcierto y el miedo que lleva a una persona a recurrir a una consulta jurídica o en búsqueda de la justicia, parece no ser comprendida, sino es solo a la luz de un código, de un procedimiento o de un reconocimiento económico.
El desconcierto de un niño que no entiende, que no sabe cómo actuar o responder, que se enfrenta a un mundo ajeno a lo que le es familiar, lejano de sus conocimientos, muchas veces es abandonado por quien debería comprenderlo, atenderlo y lograr en ese niño desconcertado el aprendizaje necesario para comprender lo nuevo.
Tengo la impresión, que muchos de nosotros, profesionales, hemos sido formados para dominar las técnicas, las estrategias, para una correcta aplicación, pero poco hemos recibido para comprender  al ser humano, para comprender  a la persona como una unidad, como un ser complejo, con su dolor, su historia, sus percepciones y sus sentimientos. Si somos ajenos al dolor, al desconcierto, al desconocimiento, a la angustia humana ¿cómo hacemos entonces para contar con más seres humanos, con más personas que sean más humanas?
Debemos tratarnos como humanos para ser más humanos. Si  el profesional no es capaz de re conocer a la persona como humana y no le otorga el valor que se merece por sí misma, entonces estamos  casi condenados a perder lo poco que de humanidad todavía tenemos. Este es un llamado a reconsiderar lo que hacemos como profesionales y cómo lo hacemos, es un llamado a reflexionar que hay una urgencia: valorar lo humano como eje de nuestras acciones.

jueves, 10 de mayo de 2012

Escuelas éticas

¿Qué es una escuela ética?,  ¿Cuándo se puede afirmar que la es? ¿Cómo se logra?
Desde mi perspectiva, un punto inicial es entender qué es la ética.
Empezaré por decir lo que no es. No es un conjunto de normas o de reglas que establecen lo que está bien o lo que está mal. No se pregunta por lo qué hay que hacer, sino por qué hay que hacer. La ética es el saber práctico que le permite a la persona actuar racionalmente dentro de un marco de valores en los que cree y que  orientan su comportamiento y,  ante los cuales  se pregunta y reflexiona de manera permanente.
En síntesis, la ética es una herramienta  que nos conduce a una reflexión  sobre nuestros comportamientos dentro de un marco valorativo y que permite guardar la coherencia entre dichos valores y nuestros actos.
Estos valores no son cualesquiera, son aquellos que nos hacen mejores personas, que nos hacen más humanos y que pueden ser llamados valores humanos. Esos valores, son los marcos axiológicos de nuestros comportamientos y sobre los cuales la ética nos  permite reflexionar racionalmente.
Un escuela ética, entonces, será aquella que asume como marco valorativo, aquellos que pemiten que nuestros estudiantes, docentes, familias y comunidad, los asuman como parte de un proceso reflexivo y no como una imposición o acciones de inculcación. Pero, además será aquella, que como organización y constituída por personas humanas, hayan integrado como esencia de su dinámica y de su mejoramiento, los procesos de reflexión que actúen como práctica permanente por parte de todos los que integran la comunidad educativa.
Entonces, ya se puede deducir, que no se trata de que la escuela aplique programas específicos para que cognitivamente se "entienda" lo qué es la ética y qué implicancias tiene sobre el comportamiento. La escuela ética, no es aquella que asume un programa de trabajo como elemento externo, tal vez interesante e importante, pero que no se produce como consecuencia de los procesos reflexivos instalados en la institución.
En otras palabras, la inclusión de talleres, cursos o similares sobre ética, no hacen que la escuela lo sea. El asunto no va por la inclusión o no de cursos o programas, sino por una cultura que se hace reflexiva, que se va haciendo ética, y es en esa medida que se convierte en tal.
No existen recetas para que una escuela pueda ser denominada como ética. Considero que hay tres componentes fundamentales para iniciar el camino:
  • Hacer que una escuela pueda ser denominada como ética, sopone que toda la institución, sin excepciones, haya asumido el compromiso de convertirla, de transformarla en ética y de asumir que es un proceso de construcción colectiva y al mismo tiempo de voluntad personal.
  • Un segundo componente es la formación. Esta debe darse en todos los que integran la comunidad educativa y deben afectarse no solo en una dimensión cognitiva, de entendimiento y comprensión, sino también en una dimensión actitudinal y emocional
  • Y, un tercer componente implica, que toda la institución tenga la disposición y el carácter de asumir los cambios  en su funcionamiento. La escuela ya no volverá a ser la misma.
Hablar de escuelas éticas, es también hablar del mejoramiento de la calidad  de la acción y la práctica educativa, porque solo siendo conscientes de lo que hacemos como personas y como profesionales, seremos capaces de transformar nuestra educación. Es la comunidad educativa, la que será consciente de su necesaria transformación y no las miradas externas la que hagan el papel de consciencia externa. La escuela debe ejercitar su conscienica a partrir de sus propios procesos para su transformación y no al revés.