lunes, 8 de noviembre de 2010

Nuestras prioridades y la falta de tiempo

A menudo suele ocurrir que sentimos que el tiempo no nos alcanza, que deseamos tener más de 24 horas al día y que la necesidad de dormir menos para que el tiempo nos alcance es mayor hoy en día.
Me pregunto ¿A dónde conducirá esta carrera contra el tiempo? Se ha dejado de utilizar el tiempo para  pensar y reflexionar, y se insta a tomar decisiones rápidas e inmediatas. Hoy todo es para ayer y de pronto estamos hablando de mañana cuando aún faltan un mes o más.
¿Será posible desacelerar un poco? ¿Será posible tomarnos  un poco más del tiempo para dar una respuesta o tomar una decisión o postergar una actividad que merece ser pensada un tiempo más?
Pensando en la velocidad que nos envuelve, me pareció pertinente y  oportuno copiar esta reflexión que a continuación espero disfruten:
"Un día, un anciano profesor fue llamado como experto para hablar sobre la planificación más eficaz del tiempo a los mandos superiores de algunas importantes empresas norteamericanas. Entonces decidió probar un experimento. De pie, frente al grupo listo para tomar apuntes, sacó de debajo de la mesa un gran vaso de cristal vacío. A la vez tomó también una docena de grandes piedras, del tamaño de pelotas de tenis, que colocó con delicadeza, una por una, en el vaso hasta llenarlo. Cuando ya no se podían meter más, preguntó a los alumnos: «¿Les parece que el vaso está lleno?», y todos respondieron: «¡Sí!». Esperó un instante e insistió: «¿Están seguros?».
Se inclinó de nuevo y sacó de debajo de la mesa una caja llena de gravilla que echó con precisión encima de las grandes piedras, moviendo levemente el vaso para que se colara entre ellas hasta el fondo. «¿Está lleno esta vez el vaso?», preguntó. Más prudentes, los alumnos comenzaron a comprender y respondieron: «Tal vez aún no». «¡Bien!», contestó el anciano profesor. Se inclinó de nuevo y sacó esta vez un saquito de arena que, con cuidado, echó en el vaso. La arena rellenó todos los espacios que había entre las piedras y la gravilla. Así que dijo de nuevo: «¿Está lleno ahora el vaso?». Y todos, sin dudar, respondieron: «¡No!». En efecto, respondió el anciano, y, tal como esperaban, tomó la jarra que estaba en la mesa y echó agua en el vaso hasta el borde.
En ese momento, alzó la vista hacia el auditorio y preguntó: «¿Cuál es la gran verdad que nos muestra ese experimento?». El más audaz, pensando en el tema del curso (la planificación del tiempo), respondió: «Demuestra que también cuando nuestra agenda está completamente llena, con un poco de buena voluntad, siempre se puede añadir algún compromiso más, alguna otra cosa por hacer».
«No –respondió el professor–; no es eso. Lo que el experimento demuestra es otra cosa: si no se introducen primero las piedras grandes en el vaso, jamás se conseguirá que quepan después». Tras un instante de silencio, todos se percataron de la evidencia de la afirmación. Así que prosiguió: «¿Cuáles son las piedras grandes, las prioridades, en su vida? ¿La salud? ¿La familia? ¿Los amigos? ¿Defender una causa? ¿Llevar a cabo algo que les importa mucho? Lo importante es meter estas piedras grandes en primer lugar en su agenda. Si se da prioridad a miles de otras cosas pequeñas (la gravilla, la arena), se llenará la vida de nimiedades y nunca se hallará tiempo para dedicarse a lo verdaderamente importante. Así que no olviden plantearse frecuentemente la pregunta: “¿Cuáles son las piedras grandes en mi vida?” y situarlas en el primer lugar de la agenda». A continuación, con un gesto amistoso, el anciano profesor se despidió del auditorio y abandonó la sala".
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap. Predicador de la Casa Pontificia
¿Estamos colocando las cosas en la posición correcta en nuestras vidas?