martes, 31 de marzo de 2009

Educación Rural / Educación Intercultural

En muchos parajes de nuestra serranía encontraremos una escuela rural, desde luego también las hay en nuestra amazonia, en los campos y centros poblados de la costa. Se define lo rural, aunque parezca una verdad de perogrullo como aquellos lugares que se encuentran distantes de las zonas urbanas en donde la existencia de los servicios (agua, electricidad, salud, educación, transporte, seguridad, entre otros), de las vías y medios de comunicación, así como de la arquitectura definen su denominación. mientras que en las zonas rurales es frecuente no contar con todos los servicios mencionados y tampoco contar con los medios y vías de comunicación adecuados, generalmente se definen por una arquitectura rústica y por su proximidad a las zonas agrícolas, ganaderas o de extracción minera o de otros recursos naturales.

La educación, entendida como un derecho y como un servicio, debe poder atender a los millones de niños, niñas y jóvenes que se encuentran en edad y en extraedad ofreciéndoles la posibilidad de educarse. Esto implica llegar y coberturar a las poblaciones en todos los ámbitos, vale decir zonas y regiones del país. La educación entonces se desenvuelve en dos ámbitos definidos: una educación en los ámbitos urbanos y otra en los ámbitos rurales.

Desde hace muchas décadas se pensó y diría se viene pensando que la educación en los ámbito rurales debe ser "especial", vale decir, debe desarrollar acciones diferenciadas de una educación que ocurre en ámbitos urbanos, este pensamiento deviene como consecuencia de las características geográficas, naturales, etnográficas y lingüísticas de los ámbitos rurales. Me pregunto ¿Debemos pensar en una educación especial de acuerdo a los ámbitos o debemos pensar en una educación que tenga en su esencia una mirada capaz de atender y comprender al otro en su diversidad y en sus propias cosmovisiones?

Hemos cometido el error de pensar en la educación de acuerdo a los lugares en donde se desarrolla y no en la concepción de comprender a la persona y al conglomerado de personas no por el ámbito donde vive o habita, sino desde sus propias visiones, necesidades y características. en otras palabras, no es el lugar lo que define el tipo de educación, sino sus propias características. Por ello, considero que se debe hablar y por supuesto conceptualizar una educación que debe ser intercultural.

Una educación intercultural (EI), no se pregunta en dónde está la persona, sino quién es la persona. La EI no se determina por el lugar, sino por lo qué es la persona en esencia. No debo preparar una educación especial porque se está a 3500 m.s.n.m, sino porque las personas que habitan esa zona poseen visiones, tradiciones, necesidades y expectativas educativas específicas. Pudiéramos estar en una zona costera o una zona urbana y deberemos hacernos las mismas interrogantes por quienes son sujetos de educación.

¿Los estudiantes de una zona residencial urbana requieren una educación intercultural? La respuesta es si, porque el docente requiere de preguntarse con quien está, quién es él o ella? cuáles son sus visiones, expectativas, sus tradiciones, percepciones del mundo? ¿requeriré de dominar otra lengua para poder entendernos y comunicarnos?

Lo que pretendo denunciar es que no podemos hablar de una educación para los habitantes de nuestra amazonia, de nuestra serranía o de las zonas costeras, no hay una educación para las zonas urbano marginales o urbanas residenciales. La educación es para toda persona y exige de todos aquellos que trabajamos en educación una mirada reflexiva que pregunte y que se interrogue: ¿Con quién estoy, a quién voy a educar y qué necesito para hacerlo con pertinencia? No existe una fórmula pedagógica que nos permita actuar de manera precisa con determinadas poblaciones porque habitan en tal o cual zona. Las fórmulas se construyen con ellos en el lugar que nos toca educar, para ello debemos estar preparados, debemos desarrollar competencias profesionales necesarias para poseer esta visión educativa que logra comprender, aceptar y dialogar con el otro asimilando su mundo, probablemente distinto al nuestro. Reconocer al otro como interlocutor válido es la clave. No es suficiente respetar las diferencias, lo necesario es construir el diálogo que nos permita tener una intervención educativa intercultural. Diálogo entre culturas va más allá que el respeto entre ellas, y la educación tiene un gran desafío, sobre todo en un país con tanta riqueza en su diversidad.

Nuevas Miradas: nuevos rostros


Nuevas miradas: nuevos rostros[1]


Hablar del Desarrollo Humano, es pensarlo dentro de los contextos y no sólo desde los índices estadísticos establecidos, reconocidos y que señalan generalmente los lineamientos políticos de nuestros estados. ¿Qué podemos entender por desarrollo humano dentro de un contexto Latinoamericano? ¿Cómo podemos conceptualizar el desarrollo humano en una realidad como la nuestra en donde el problema no se reduce a cifras estadísticas? Realmente resulta complejo y difícil establecer respuestas claras y contundentes, a pesar de ello correré el riesgo de quedarme en las reflexiones.Parto de la hipótesis que solamente crecemos en humanidad cuando crecemos como personas humanas, para algunos autores bastaría decir que crecemos como personas, ya que el concepto de persona encierra lo que de humanidad tenemos todos, sin embargo, considero que el énfasis está bien puesto. Crecemos como personas cuando logramos autonomía, cuando nuestra dignidad está asegurada y protegida, y cuando la convivencia y toda forma de construcción individual y colectiva están asentadas sobre el diálogo, en otras palabras cuando nos reconocemos recíprocamente uno al otro como interlocutor válido, parafraseando a Etxeberría en un respeto profundamente empático.Intentos Sociales de Desarrollo HumanoCasi en las últimas dos décadas hemos presenciado una creciente preocupación por sacar a la humanidad de su estado actual de pobreza. Los primeros esfuerzos se centraron en los cambios de la economía en nuestros países: “mejorar los indicadores macroeconómicos”, esfuerzos que han traído como todos sabemos muchos sacrificios sin sentir un cambio real y efectivo en la vida de las poblaciones.La visión anterior sufre un cambio el 13 de septiembre de 2000 en el Quincuagésimo quinto período de sesiones Tema 60 b) del programa de la Asamblea General de las Naciones Unidas con la Declaración del Milenio, en donde los jefes de estado y de gobierno reconocen que todos tienen no sólo responsabilidad con sus sociedades, sino que les incumbe la responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial. Agregan que tienen un deber que cumplir respecto a todos los habitantes del planeta, en especial los más vulnerables y, en particular, con los niños del mundo, a los que pertenece el futuro.Por otro lado, consideran que determinados valores fundamentales son esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI[2]:· La libertad. Los hombres y las mujeres tienen derecho a vivir y a criar a sus hijos con dignidad, libres del hambre y del temor a la violencia, la opresión o la injusticia. La mejor forma de garantizar esos derechos es contar con gobiernos democráticos y participativos basados en la voluntad popular.· La igualdad. No debe negarse a ninguna persona ni a ninguna nación la posibilidad de beneficiarse del desarrollo. Debe garantizarse la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres.· La solidaridad. Los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costos y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social. Los que sufren, o os que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados.· La Tolerancia. Los seres humanos se deben respetar mutuamente, en toda su diversidad de creencias, culturas e idiomas. No se deben temer ni reprimir las diferencias dentro de las sociedades ni entre éstas; antes bien, deben apreciarse como precisados bienes de la humanidad. Se debe promover activamente una cultura de paz y diálogo entre todas las civilizaciones.· El respeto por la naturaleza. Es necesario actuar con prudencia en la gestión y ordenación de todas las especies vivas y todos los recursos naturales, conforme a los preceptos del desarrollo sostenible.· Responsabilidad común. La responsabilidad de la gestión del desarrollo económico y social en el mundo, lo mismo que en lo que hace a las amenazas que pesan sobre la paz y la seguridad internacionales, debe ser compartida por las naciones del mundo y ejercerse multilateralmente. Por ser la organización más universal y más representativa de todo el mundo, las Naciones Unidas debe desempeñar un papel central en ese respecto.Esta percepción de revertir la pobreza, mejorar las condiciones de vida sufre un giro en la Cumbre del Milenio y apuntan a generar desde cada una de las naciones los siguientes objetivos:


1. Reducir a la mitad de la pobreza extrema y el hambre.


2. Lograr la enseñanza primaria universal.


3. Promover la igualdad entre lo sexos y la autonomía de la mujer.


4. Reducir la mortalidad infantil.


5. Mejorar la salud materna.


6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.


7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.


8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo, con metas para la asistencia, el comercio y el alivio de la carga de la deuda.


Esta nueva percepción del problema nos acerca más a lo humano, nos permite reconocer que los cambios deben evidenciarse en los rostros de cada una de las personas que cohabitan nuestros espacios.Si bien es cierto que las metas señaladas apuntan a lograrse en el año 2015, en el transcurso de estos cinco años, hay muchas probabilidades que muchas de ellas se queden a mitad de camino:· Actualmente, 1,200 millones de personas luchan todos los días por sobrevivir con menos de un dólar norteamericano, por día, o sea, casi el mismo número que hace un decenio[3]


En 1990 se estableció el objetivo “educación para todos” que debía lograrse para el año 2000. es alentador que la brecha de educación entre ambos sexos se haya reducido a la mitad, pero la triste verdad es que en el decenio de 1990 sólo se logró una décima parte del progreso necesario. No hay que sorprenderse que el objetivo se haya trasladado al año 2015; sin embargo, al paso que se marcha, si no se cuadruplica el ritmo de progreso, tampoco se podrá cumplir con esta promesa de garantizar la educación de todos los niños.[4]· Los progresos en materia de mortalidad materna e infantil, la nutrición, acceso al agua potable salubre e higiene adecuada del medio perdieron dinamismo en el decenio de 1990 en comparación con decenios anteriores. Esto debido a la epidemia del SIDA, resurgimiento de otras enfermedades (el paludismo y la tuberculosis) y las deficiencias de los servicios sanitarios, que han empeorado de manera señalada las condiciones en el decenio de 1990.[5]· Los cálculos de costos de la UNICEF, el Banco Mundial y la OMS, sugieren que la consecución de la mayor parte de los Objetivos del Desarrollo del Milenio para 2015 requerirá de una cuantía adicional de 50 000 millones de dólares por año en concepto de asistencia para el desarrollo. Ello significa que habrá que duplicar el nivel actual de la ayuda. Aunque puede parecer elevada en términos absolutos, esta cifra representa alrededor del 0.2% de los ingresos de los países donantes.[6]


¿Qué está sucediendo entonces?


He tomado como referencia algunos documentos de las Naciones Unidas como más representativos de las grandes aspiraciones de la humanidad, y a pesar de estas aspiraciones vemos con sorpresa, que las cosas no han cambiado sustantivamente. Hablar de compromiso de las naciones, debería sonarnos como palabras altisonantes, de fuerza y obligación. Sin embargo, estos compromisos luego de transcurridos varios años, no han tenido impacto significativo en las naciones más necesitadas de nuestro planeta. Diariamente las personas, los niños y niñas se siguen muriendo de hambre, no llegan al primer año de vida y las diferencias establecidas por nosotros mismos los hombres siguen existiendo y se sigue persiguiendo a las personas por sus ideas o creencias y las muertes y desapariciones sin explicación siguen dándose.


¿Por qué resulta tan difícil cambiar las cosas?


Hemos visto como se necesita duplicar los esfuerzos para la ayuda, estas cantidades que suenan exorbitantes, constituyen apenas el 0.2 % de los ingresos de los países donantes.


¿Qué es lo que no está funcionando?


Como respuestas podemos intentar algunas que se quedan en generalidades: los gobiernos y gobernantes tienen otros intereses que no son las personas y su pueblo; la deuda externa resulta eterna y asfixiante; el precio de petróleo y los intereses económicos; los afanes expansionistas de algunas naciones por generar mayores ganancias; y muchas otras respuestas que escuchamos.


¿Excusas o realidades?Camino a una propuesta


Un criterio muy importante y además muy necesario en la construcción de una propuesta que pretende ser social, está referido a la construcción de mínimos, estos mínimos se convierten en principios reguladores elementales que a su vez se traducen en obligaciones y responsabilidades, que deben nacer de un proceso participativo y de un sentir que envuelve e involucra a la colectividad. Además se pretende que puedan guiar la gestión de los asuntos públicos. Esta construcción no tiene la intención de que estos mínimos supongan mundos aislados y desconectados, sino por el contrario, faciliten la comunicación y el diálogo entre culturas. Asumir estos reguladores mínimos pretende cuidar la esencia humana de una sociedad porque busca que se posibilite la convivencia y por tanto que se cuide la humanidad y que se preserve su propia condición. Con relación a estos mínimos A. Cortina (2000), nos dice en su texto Ética Mínima: “por eso algunos éticos nos hemos refugiados humildemente en una ética de mínimos, y nos limitamos a decir a nuestros oyentes y lectores: al decidir las normas que en su sociedad van a regular la convivencia, tenga en cuenta los intereses de todos los afectados en pie de igualdad, y no se conforme con los pactos fácticos, que están previamente manipulados, y en los que no gozan todos del mismo nivel material y cultural ni de la misma información; porque – por decirlo con John Rawls - usted está convencido de la igualdad humana cuando habla en serio sobre justicia: o cuando ejecuta actos de habla con sentido, por decirlo con la ética discursiva; haga pues el respeto a la igualdad una forma de discurso normativo y de vida”. Adela Cortina, nos pide en otros términos la exigencia de una coherencia que se construya a partir del reconocimiento del otro y en la aceptación de sus diferencias.


Nuevas Miradas


Intento demostrar que las soluciones a los problemas del desarrollo humano que hemos evidenciado en la primera parte son ricas en intenciones y “compromisos” pero pobres en su capacidad transformadora porque no llegan al fondo del asunto, y mi hipótesis es que tenemos que cambiar la mirada del hombre para redescubrir esos nuevos rostros. No existen nuevos rostros, son los de siempre. El hombre discriminado y postergado que aparece de pronto en nuestro escenario, no es nuevo, es el de siempre, siempre existió, excluido, oculto, invisible, agazapado, lo hemos visto por nuestro lado cientos de veces, pero hemos sido incapaces de mirarlo de verdad. Nuestras miradas están enturbiadas, las miradas de nuestros gobernantes no ven lo que debe ver, no es un problema únicamente de mayor o de menor presupuesto, es un problema que tiene que ver directamente con nosotros.


¿Estamos creciendo en humanidad?


Intentamos cambiar nuestras sociedades, ofrecemos al mundo nuevas leyes, reglamentos y declaraciones oficiales, pero quienes ejecutan todas estas intenciones somos nosotros, en nuestras manos está el poder cambiar las cosas y no me estoy refiriendo únicamente a los presentes, me refiero a ese “nosotros” que involucra a todos los que formamos parte de la humanidad. Esa persona que maneja los destinos de un país, el presupuesto de un país, los políticos que declaran y hacen de las ideas una vida, a todos ellos y a nosotros nos hace falta cambiar nuestras miradas.Construir una sociedad que trabaje por el desarrollo humano, no le hace falta descubrir o aceptar que existen nuevos rostros, ellos existieron desde siempre, nos hace falta cambiar nuestra mirada, la forma de leer el mundo, la forma de leer el problema humano. Podemos empezar estas nuevas reflexiones desde la construcción de mínimas exigencias, supone también la existencia de una ética de mínimos que facilite la armonización y la regulación en su ejercicio. A continuación una propuesta de mínimos en aras de una cultura diferente, de una sociedad más justa, de una sociedad que viva una cultura de paz, de una sociedad que reconozca a la persona como valor y a su desarrollo como objetivo. A continuación algunas reflexiones al respecto:


a) No Discriminación: una de las bases fundamentales del reconocimiento de la persona se sustenta en la inclusión de la persona en todo proceso social, lo contrario supone el ejercicio de una discriminación negativa o el empleo de la exclusión. La discriminación o exclusión de la persona supone la negación de su existencia: se existe bajo determinadas condiciones y se deja de existir (no ser tomado en cuenta) cuando se obvia la presencia de la persona. No existe daño más profundo para la persona cuando sufre actitudes o políticas que discriminan negativamente, excluyen o marginan. Discriminar es negar a la persona misma, por lo tanto negar su valor y existencia. Se propone como condición mínima para una cultura de paz, la exigencia de prácticas no discriminantes ni excluyentes. Sentirse tomado en cuenta refleja la aceptación de nuestra condición natural humana, es un reconocimiento a la persona misma.


b) Valor de la persona: en el mundo de valores que vivimos encontramos que la práctica social cotidiana y frecuente, coloca en el centro de sus valoraciones y apreciaciones a valores de distinto origen, pero en el centro no está precisamente el valor de la persona, sino otros. Cuando tomamos decisiones, cuando los gobiernos toman decisiones, con poca frecuencia se considera el valor de la persona por encima de otros. Cuando se habla del valor de la persona, nos referimos fundamentalmente al valor de su ser, es decir, a su valor intrínseco, al valor que le confiere su propia existencia por el solo hecho de ser. La persona no es valiosa únicamente por su poder o por su tener, sino esencialmente por su ser mismo.


c) Equidad en el trato, en la relación y en las oportunidades : esto es una consecuencia de lo anterior porque implica el reconocimiento de la persona y el ejercicio de prácticas no discriminantes e inclusivas, por otro lado, tiene que ver con el sentido de justicia, desde la perspectiva puramente humana y no necesariamente legal o contractual, sentido de justicia que se adquiere por el mismo hecho de ser humano, lo que me corresponde por ser humano, es la condición misma la que me hace justicia.


d) Participación en la gestión de los asuntos públicos a todos los niveles: Esta es una condición muy importante, no por ser únicamente una práctica que reconoce todo lo anteriormente propuesto, sino porque es una vía que consolida la construcción de una democracia, todavía muy incipiente en nuestras sociedades. A continuación presentaré un breve desarrollo de esta condición:- Fortalecimiento de la democracia: el ejercicio de la participación va más allá de una cuestión coyuntural o circunstancial, es una práctica, que nos involucra en los procesos sociales, que además nos va generando identidad con nuestros propios procesos de desarrollo social e identidad con un proceso de construcción. Nos da un sentido de pertenencia, cuando sentimos que pertenecemos, nos reconocemos personas, nos sabemos protagonistas de procesos. Todo ello consolida nuestras democracias, porque identificamos con claridad la búsqueda del bien común. Pretendemos vivir en democracia, pero esta se resume, a un solo aspecto de la participación y que es el que generalmente se emplea: participación electoral. Si la participación se reduce a ello y la democracia también, entonces podríamos afirmar que no tienen ninguna importancia para el desarrollo de una sociedad.- Oportunidad de crecimiento: los procesos de participación nos permiten experimentar un crecimiento en el sentido de fortalecer nuestra autonomía, y la fortalecemos cuando sentimos que hacemos uso de nuestras decisiones, de nuestros criterios y argumentos que sostienen una posición ante los distintos procesos sociales que vivimos. Desarrollar nuestra capacidad de autonomía, es también desarrollar un nivel alto de madurez y responsabilidad ante nuestras propias decisiones participativas.- Realización de la persona en ejercicio de su autonomía: el desarrollo de la autonomía a través de las prácticas participativas, constituye la satisfacción de una de las necesidades más importantes del hombre y de la mujer y que además nos distinguen de otros seres vivos, me estoy refiriendo a la vivencia de la libertad, entiendo libertad como el uso de nuestras capacidades, actitudes, pensamientos y sentimientos bajo criterios de moralidad, debe leerse también bajo criterios sociales de convivencia. Ejercer nuestra autonomía a través de la participación constituye una forma de realización individual y colectiva- Acceso igualitario a la información y a la educación: esta condición supone también una igualdad de posibilidades y oportunidades, al alcance de todos. El acceso a la información y educación está sujeto a las posibilidades económicas de los usuarios, poblaciones carentes de recursos económicos no tienen acceso a la información y educación en igualdad de condiciones. Esta desigualdad. marca y contradice toda posibilidad de desarrollo de una sociedad y en consecuencia de la persona. El Acceso no se restringe a una condición de alcance, sino a una condición de igualdad en términos de calidad (respuesta a la realidad) y cantidad (número de horas y años de estudio necesarios). Lo contrario, lleva a mantener poblaciones marginadas, excluidas, y además convierte a la información y la educación en un instrumento de poder y de manipulación. Información y educación para todas y todos en igualdad de condiciones.En cada trabajo que se realiza se deposita una esperanza, se intenta sembrar un sueño que puede inspirar o dar ilusiones de vivirlo a quienes lo comparten. En este intento, muchos sueños se han quedado truncos o marchitos, ellos dependen en gran medida de nuestras propias decisiones. Abusando de esta figura, deseo decir, que al compartir mis sueños con una sociedad diferente, con una juventud que construye y que vive plenamente la dinámica de una sociedad, no es otra mi intención, que la de buscar puntos que unan destinos y vidas. En nuestra tierras hay mucho por hacer, existen enormes montañas, tan grandes como los obstáculos que impiden una sociedad democrática, justa y más humana, mirarlas puede ser motivo de admiración o de desaliento, entonces me pregunto. ¿Es el hombre y la mujer más grande que sus propias dificultades o ellas son más grandes que sus voluntades?. No pretendo negar ni soslayar las responsabilidades de nuestros gobernantes, es más, creo que debemos trabajar en la exigencia de hacerlos mirar en nuestros países el rostro de cada uno de los jóvenes, niños, hombre y mujeres, antes que mirar las cifras e intereses, sin embargo, también estoy convencido, que con la misma exigencia debemos mirar nuestros rostros y exigirnos desde donde estamos, ser cada día mejores personas, más humanos, asumir nuestras condiciones mínimas para estar juntos, condiciones mínimas para construir juntos la sociedad que deseamos. Todo esto suena como muy romántico, pero ese romanticismo, es precisamente la característica que la historia de nuestros pueblos ha ido quitando de sus procesos y ha perdido en ello la presencia de la persona del hombre y de la mujer, para dejarnos la presencia de indicadores macroeconómicos, de intereses de la deuda eterna, de las cifras de muertos y de los millones de dólares que la corrupción usa en destruir nuestros sueños y esperanzas de un mundo mejor.No tengamos miedo de soñar, de ser románticos, sin desprender los pies del suelo en el que vivimos, trabajemos por el cambio, por la humanidad, por nuestros propios cambios, trabajemos por una educación y una sociedad con participación democrática, por el respeto irrestricto de la persona, por la construcción de una cultura de paz. No abandonar nuestras causas justas, avanzar sin pausa y sin treguas.


Bibliografía referencial:


BILBENY, Norbert. Por una Causa Común: ética para la diversidad. Editorial Gedisa. 2002. España.LEVINAS, Emmanuel. Humanismo del otro hombre. Editorial Siglo XXI. Tercera Edición. 2001. México.


BÁRCENA – MÉLICH. La Educación como acontecimiento ético: natalidad, narración y hospitalidad. Editorial Páidos. 2000. España.


Etxeberría, Xavier. Sociedades Multiculturales. Editorial Mensajero – Alboan. 2004. España


[1] Mag en Democracia y Educación en Valores. Lic. en Psicología


[2]Asamblea general de las Naciones Unidas (13 de septiembre del 2000). Resolución aprobada por la Asamblea General: Declaración del Milenio. Valores y Principios.


[3] Preguntas Frecuentes: Declaración del Milenio (septiembre de 2000). www.undp.org./spanish/mdgsp/preguntasFrecuentes.html


[4] Ibid.


[5] Ibid.


[6] Ibid.