lunes, 2 de julio de 2012

Educación socioemocional

A propósito de la actual y abundante información, así como de noticias acerca del acoso escolar, generalizado en su denominación como bullying, me propongo desarrollar algunas reflexiones orientadas a encontrar en la formación educativa de competencias socioemocionales una posible alternativa que contribuya a evitar una convivencia violenta y agresiva dentro del ámbito escolar.
  • Punta del iceberg. El acoso escolar que se visibiliza como el empleo, en el sentido más amplio del término, de violencia y agresión en las interacciones entre escolares, utilizando distintos medios para dicho fin, es la punta del iceberg. Detrás de estas conductas debemos encontrar una razón. es probable que algunas de las respuestas explicativas provengan del mismo sistema escolar con sus características, intencionalidades pedagógicas y algunas rigideces o tradiciones poco saludables; también podemos encontrarla en el entorno familiar y social del estudiante, costumbres y valoraciones que su familia y su medio utilizan en la resolución de sus problemas o en el uso del poder. En cualquiera de los casos, esta dificultad en la convivencia escolar debe encararse enfrentando alguna de las razones o raíces del problema y no atacando o controlando los efectos visibles. Si hacemos una gruesa comparación, no podemos atacar una infección solo con medicamentos para bajar la temperatura, requerimos lo necesario y efectivo  para erradicar la infección. Lo que significa, que debemos revisar y evaluar el sistema escolar como posible origen de la violencia en la escuela. Igualmente, si pensamos en los entornos,  familiar y social, debemos pasar por revisarlos y que las autoridades formulen las medidas necesarias para su mejoramiento y cambio posterior.
  • Interés superior del niño y del adolescente. Cuando escuchamos las distintas reacciones de propios y extraños sobre los casos de acoso escolar, da la impresión que nos estuviéramos refiriendo a delincuentes. No podemos perder de vista que tanto, niños agredidos y niños agresores, no han perdido su categoría de niños y por tanto, están y deben ser considerados a la luz de la Convención de los derechos del niño y del adolescente. Estos niños se encuentran en procesos de formación, la escuela los acogió para ser formados y educados, y sus familias deberán estar comprometidas en esa misión. Nuestros estudiantes no están en las instituciones educativas, únicamente para recibir información y conocimientos, sino, desde mi punto de vista, para ser formados como personas, como personas cada vez más humanas.
  • Competencias socioemocionales. Se les denomina como competencias por la complejidad de los comportamientos implicados, pero en realidad no reflejan en sentido estricto un enfoque conceptual ortodoxo. Lo que si no se puede pasar por alto, en esta reflexión, es que requerimos con urgencia una formación socioemocional de nuestros estudiantes. Pasar de la formulación programática a la acción concreta y efectiva. Se requiere que la escuela pueda en alguna medida garantizar a la sociedad y las familias que forma en un sentido y dirección correcto. Que forma estudiantes que van aprendiendo a lo largo de su escolaridad a ser adultos, a ser personas responsables, que van a prendiendo a ser ciudadanos, a ser futuros padres y madres responsables, que van a aprender a respetar a las personas independientemente de su apariencia, credo u otra diferencia propia de nuestra diversidad. Las escuelas hoy le aseguran a las familias que sus hijos ingresarán a una institución de estudios superiores, pero aún no son capaces de asegurar que su hijo sabrá saludar y agradecer a toda persona en cualquier circunstancia, por decir lo mínimo.
Debemos hacer un corte, revisar y revisarnos para preguntarnos si ésta, ¿es la educación que deseamos para nuestros estudiantes e hijos?