domingo, 17 de mayo de 2015

GESTIÓN ÉTICA DE LA ESCUELA Y LIDERAZGO


En los últimos treinta años nuevas formas de apreciar el mundo y a la humanidad, así también  la ciencia y la tecnología, han influido en nuestras actitudes, en nuestras formas de apreciar a las personas y por tanto ha afectado las maneras de interactuar, generando nuevos tipos de vínculos.


La ética como instrumento que permite enfrentar los tiempos actuales
Tenemos dos grandes desafíos en educación: formar personas y segundo, mejorar  su calidad humana, o sea formar personas humanas. En la literatura y la experiencia, he encontrado el convencimiento que lo que se requiere es una sólida formación ética, para lograr que nuestra sociedad valore a las personas  en su justa dimensión y que éstas sean cada vez más humanas.
La ética es un saber, que nos permite ser conscientes de nuestros actos y ordenarlos en función a aquellos valores que  son propios de la humanidad y que están en nuestras manos apropiárnoslos . La ética suele ser confundida con la moral. La ética tiende a ser universal, interroga a la moral, le pregunta por qué. La moral es cultural, lo moral habla del bien y del mal, y esto es distinto en función al horizonte cultural, a las creencias, y también a las religiones. La ética le pregunta a la moral ¿por qué eso es malo? La moral solo se pregunta si es bueno o malo y lo hace bajo un contexto.
La ética entonces nos interroga en forma permanente y nos ayuda a tomar decisiones racionales y conscientes. No es para un momento sino a lo largo de la vida, nos permite ordenar nuestra vida en forma inteligente, coherentemente con sus fines. 
Comprender la ética en las organizaciones
Toda organización también puede ser analizada desde la ética. Las instituciones educativas pueden ser éticas o no. Ello depende de muchos aspectos. Según Adela Cortina, toda institución u organización posee bienes internos, eso significa que dichos bienes son aquellos que le dan origen a su finalidad, son la razón de su existencia. Una institución como el hospital,  su finalidad es la salud y la defensa de la vida, una institución policial, su finalidad es la seguridad y la protección, y una institución educativa, su finalidad es la formación de la persona y sus aprendizajes. Desde ese ángulo, toda institución debe guardar coherencia con sus bienes internos, debe defenderlos y desarrollarlos. Por tanto sus actividades y acciones deben tener también esa finalidad. Aquella institución que no guarda esa relación no estaría siendo ética con sus finalidades. 
Existen otros bienes, los externos, que son consecuencia de los bienes internos. Una institución educativa, que está comprometida con la formación de la persona y los aprendizajes (bienes internos) será una institución que como consecuencia de ese cuidado obtendrá otros bienes como el prestigio y también beneficios económicos (bienes externos)
Pero, una institución nunca debe supeditarse a los bienes externos.  Es decir, no se debe colocar en orden de prioridad el prestigio, o las utilidades económicas por delante de los bienes internos. Las finalidades de las instituciones guían el sentido ético de la organización y no sus efectos.
Gestores éticos: líderes
La  gestión demanda  un conocimiento importante de las ciencias administrativas, y además un poco de legislación y hasta de aspectos logísticos, infraestructura y otros aspectos paralelos. Desde mi experiencia me atrevo a decir, que lo que más demanda es un desarrollo personal y humano en el gestor. Hoy está comprobado que no basta con dominar la ciencia, sino  se cuenta con una sólida formación humana. El conocido psicólogo Daniel Goleman, ha afirmado que solemos en los procesos administrativos para seleccionar profesionales  agudizar nuestra exploración sobre las capacidades y dominios cognitivos y casi nada se explora sobre los aspectos actitudinales y el conocimiento de la persona. Una vez que estas personas logran formar parte de nuestras instituciones muestran aspectos que jamás habíamos conocido e imaginado. Es probable que sean conflictivas, individualistas, negativas, resistentes a los cambios, en fin muchas actitudes que hacen que se fracase en cualquier proceso. En otras palabras, lo que nos dice Goleman es que necesitamos valorar en las personas otros aspectos que son determinantes en éxito de cualquier gestión.
El gestor es la persona que debe tener una formación de sí mismo, cultivar su humanidad, ser coherente con los valores que predica y en los que afirma creer. Esos valores son los que se espera visualizar durante su gestión.
Un gestor ético es un líder. Se tiene la idea poco acertada, de creer que el líder es aquella persona que “mueve” o “influencia” a las personas, cuyas decisiones son seguidas por muchos o todos, que su palabra es suficiente. Es probable que en la práctica se vea así. Pero la manera cómo se llega a ello, es importante de reflexionar.
Debemos tener cuidado en no confundir el caudillo con el líder. El caudillo alza su voz, propone, dirige, maniobra, condiciona. El líder sirve a los demás. Tal vez se rompan algunos paradigmas con esta afirmación, pero la literatura la confirma. La influencia sobre las demás personas se va conquistando en el servicio y la coherencia de comportamiento. No se trata de imponer bajo algún argumento legal o funcional. 
El liderazgo es un proceso que se va conquistando. Son nuestros valores, su ejercicio, coherencia, su comportamiento ético lo que nos va haciendo líderes y al mismo tiempo va ganando el respeto y reconocimiento de los demás. Es en ese reconocimiento que uno, sin proponérselo se convierte en un líder.
La participación real, la comunicación transparente y fluida, la escucha atenta, el diálogo son también elementos que contribuyen al liderazgo. Una gestión que se caracteriza por ello en forma genuina y coherente, será una gestión ética y quien la asuma será un líder. No hay liderazgo sin ética, al mismo tiempo todo gestor ético es un líder también.
El líder ha desarrollado su capacidad de conocerse y reconocerse, ha logrado su capacidad de dominar sus emociones y hacerlas racionales, es aquel que encuentra siempre motivación para su misión y sabe también transmitirla, resuelve mediante el diálogo, no divide sino une para resolver, construye participativamente alternativas, no polariza situaciones. Rectifica sus errores, sabe emprender nuevos caminos ante el error, reconoce el error y ayuda a superarlo. Toma decisiones en un marco de respeto y bajo criterios de valores humanos.
La gestión, la ética y el liderazgo son aspectos que están íntimamente relacionados y que los tres se desarrollan sustentados en el reconocimiento y respeto irrestricto  por la persona. Todo se integra en el líder y el gestor ético, que son la misma persona y a su vez formador humano.