sábado, 12 de octubre de 2013

Polvo de estrellas

Escuchando precisamente una  canción de Jorge Drexler, cuyo título es el del presente post, me hacía pensar sobre nuestro recorrido en la vida y la docencia. El polvo de estrellas, nos deja un brillo resplandeciente pero fugaz, pasa y nos deja. Dice la letra de esta canción, toda vida es sagrada, la vida vale lo que vale un sol. ¿Cuántos niños y adolescentes pasan por nuestras vidas, por nuestras manos? Sus vidas son compartidas en nuestras escuelas. ¿Valen sus vidas lo que vale un sol? No dejaremos huellas, solo polvo de estrellas, eso nos dice Drexler. Interpreto como lo importante de iluminar, de dar luz, pero al mismo tiempo generar la autonomía en cada uno de ellos, ellos deberán ser ellos mismos y no nuestras huellas en su personalidad.
Hacer docencia es dejar polvo de estrellas en nuestros niños. Hacer docencia es valorar la vida de nuestros estudiantes, lo que vale un sol. Vale decir, son la vida misma, cada uno vale lo que la vida misma nos da. Siendo tan importantes y valiosos, que importante resulta hacer docencia con ellos, que delicado es tener entre nuestras manos el destino y la permanencia del sol, por el sol es desde una lectura, la vida misma. Si no hay sol, no hay vida, si eso valen la vidas de nuestros estudiantes, imagínense que enorme responsabilidad. 
Deseo que esta breve reflexión nos fortalezca en nuestras convicciones y al mismo tiempo nos permita renovar nuestro compromiso y misión de docentes.

sábado, 7 de septiembre de 2013

LOS APRENDIZAJES FUNDAMENTALES

¿Cuáles son los aprendizajes fundamentales? Es una pregunta que se discute en foros internacionales, que discuten los especialistas en currículo, diría, en todas las latitudes del mundo, no obstante, resulta todavía un tanto difícil determinarlos.
Algunas respuestas, se orientan , naturalmente, bajo el criterio de pertinencia, afirmando que los aprendizajes fundamentales obedecen a las necesidades específicas de una población  por tanto, serían todos aquellos que la realidad exige, vale decir, aprendizajes que requiere una población para desenvolverse adecuadamente a las exigencias sociales y económicas de una realidad concreta.
Otro criterio para determinarlos, es aquel que busca o tiene como objetivo, lograr los mayores y mejores aprendizajes de acuerdo a una meta preestablecida o de acuerdo a tendencias. 
Podemos extendernos en el análisis de la discusión sobre los aprendizajes fundamentales y es probable que termines confundidos y si llegar probablemente a una conclusión de cuáles son. No es mi objetivo, ni lo uno, ni lo otro.
Los grandes desafíos que la sociedad actual nos coloca día  a día, desafíos para tomar adecuadas  decisiones, para elegir correctamente, desafíos para una convivencia democrática, desafíos para ejercer y vivir en justicia, para construir solidariamente la felicidad, para vivir coherentemente  con aquellos valores que nos hacen más humanos, para vivir éticamente, para respetar y convivir con nuestras diferencias, para dialogar y reconocer al otro en igualdad de condiciones, entre muchos otros. Estos desafíos, no siempre están en las discusiones sobre los aprendizajes fundamentales, y si están, casi siempre se termina privilegiando otros, pero no los aprendizajes fundamentales para ser humano.
Es curioso y hasta irónico, cuando se escucha discutir acerca del origen de nuestros "males sociales y educativos", se habla de personas con poca ética, de crisis de valores y hasta ausencia de los mismos, se habla de la poca voluntad, de la irresponsabilidad, de la poca o nula iniciativa, de la indiferencia, del poco amor al prójimo, en fin, si revisamos las diversas explicaciones, muchas de ellas, recaen sobre la persona misma. Pregunto ¿Estará todo ello dentro de los aprendizajes fundamentales?
Sin menospreciar a algunas formulaciones sobre aprendizajes fundamentales, casi siempre se privilegian a los aprendizajes matemáticos, comunicacionales y científicos. Si las causas están la persona, ¿No será que necesitamos aprendizajes fundamentales para ser persona? Educamos para calcular y calcular para la vida también, educamos para la comunicación y comunicación para la vida también, educamos para desarrollarnos científicamente y hacer ciencia en la vida, pero no educamos para comportarnos éticamente (creemos que son más reglas y más sanciones). Si nos falta voluntad y esfuerzo para salir adelante, lo coherente es educar la voluntad y educar el esfuerzo. Queremos educar para la convivencia, pero nuestros horarios escolares nos colocan más horas de ciencia, de comunicación y matemática ¿Será eso desarrollar la convivencia?
Les dejo nuevamente la pregunta ¿Cuáles serán entonces los aprendizajes fundamentales que necesitamos?

viernes, 16 de agosto de 2013

Importancia de la familia en la formación de la persona humana

La humanización de  la familia fortalece la humanización del trabajo. Los valores que denominamos humanos son los únicos que en su uso frecuente, que en su apropiación voluntaria, nos hace cada día más humanos, nos hace más personas humanas. ¿Son nuestras familias un espacio en donde se vive y se aprenden los valores humanos a lo largo y durante  la convivencia? Considero que la respuesta es obvia. Si. Eso nos hace a cada uno de nosotros que provenimos de una familia  humana y además cristiana, en portadores y defensores de valores humanos. Defensa, difusión y vivencia de valores humanos en todos y cada uno de los ámbitos en donde nos desenvolvemos y en donde ejercemos nuestros roles sociales.

Lo afirmado anteriormente, coloca a la familia en un rol sumamente importante y además le coloca la gran responsabilidad, y agregaría, en la obligación imperativa, de formar  a sus integrantes en una sólida convicción para la vivencia de valores humanos. En cada decisión que se toma en casa, hacemos uso de un conjunto de valoraciones, en otras palabras, utilizamos como criterio de elección o decisión uno o varios valores. ¿Cuáles son los valores que determinan frecuentemente nuestras decisiones cotidianas?
Cuando los padres o los hijos toman una decisión o hacen una elección, se hace uso de criterios valorativos. En la literatura encontramos valores tales como estéticos, económicos, políticos, religiosos y también humanos  (éticos o universales). Por ejemplo, si como padres decidimos cambiar un trabajo por otro, utilizando como criterio principal el económico, quiere decir que estamos privilegiando el valor económico (mejor sueldo) por encima de otros valores. Naturalmente, el dinero produce efectos de bienestar, pero fundamentalmente, de bienestar material. Todos deseamos estar bien y que nuestra familia esté bien, pero el énfasis, incómodo en esta reflexión, es un énfasis material. Es una elección personal, y no se pretende juzgar a nadie, pero si hacer la reflexión, sobre el uso de loa valores que humanizan y aquellos que cumplen otras finalidades, pero no humanizantes.
Ciertamente, podríamos argumentar a favor de una decisión como la mencionada, sin embargo, el ejemplo busca, hacer un alto en lo cotidiano. ¿El dinero es importante? Claro que lo es. Pero, analicemos nuestros comportamientos. En el ejemplo, debemos también sopesar si pasamos de una situación laboral  injusta, humillante, indignante, inhuma a otra justa, dignificante, humanizante. Vale decir, sino es el dinero lo que determina nuestra decisión, sino que son las ponderaciones valorativas humanas las empleamos para tomar una decisión humanizante.
Cuando uno de nuestros hijos, en tiempos de hacer una elección profesional y optar por una carrera, su decisión se orienta por ponderaciones, en donde se emplean criterios valorativos vinculados  a la ubicación social de la profesión, y a la posibilidad de mayor acceso económico que ofrece la carrera, lo que ellos están haciendo, es colocar mayor énfasis en valores vinculados a lo utilitario y económico de una profesión.
Mientras por un lado, deseamos formar a nuestras familias en valores humanos y cristianos, por otro lado, nuestras decisiones cotidianas, se sustentan principalmente sobre valores que no son precisamente humanos, sino de otra índole. ¿Cómo podemos decirnos que somos humanos, si los valores que nos definen como tales, son empleados en segunda mano y pocas veces en primer lugar, mientras  que los llamados económicos, utilitarios o estéticos, entre otros, son colocados con ciertos énfasis en nuestras decisiones?
Vivir los valores humanos, sin duda, es una de las tareas más difíciles. No obstante, el uso de valores humanos, son la única reserva que permite que seamos definidos como tales. Todos somos personas, pero no todos somos humanos. Existen personas con muy poca calidad humana y también las hay con mucha calidad humana. ¿Qué distingue una de otras?
Sencillamente el uso de los valores. Solo aquellas  que en su vida, en sus decisiones, en sus criterios, en sus elecciones emplean como criterio principal los valores humanos, serán  de una mayor calidad humana, y aquellos que en sus decisiones emplean muy poco o casi nunca los valores humanos, serán definidos como poco humanos. Siempre la elección es nuestra. Nadie puede decidir sobre nosotros, solo nosotros podemos tomar nuestras propias decisiones, aunque muchas veces sean dolorosas, pero humanas.

lunes, 3 de junio de 2013

¿Es importante la formación de la persona en las escuelas?

Hace muy poco presente una publicación sobre el aprendizaje de la matemática, coloqué además el enlace en otras redes sociales y tanto en este blog como en las redes tuvo un interesante éxito. Se abrió un foro  que estuvo activo en la red por cerca de un mes y con más de doscientos comentarios y unas decenas de recomendaciones. Nunca antes me había sucedido esto. Pude comprobar entonces no solo el gran interés de educadores y de muchas personas sobre el aprendizajes de la matemática, sino también la preocupación por lograr el éxito en este aprendizaje.  Por supuesto, se ventilaron aspectos  como los contenidos, las metodologías y se analizaron muchos factores que intervienen en su aprendizaje. Desde mi experiencia un éxito. Al poco tiempo, me animé a escribir algo acerca del carácter, voluntad, seguridad, autoestima, para referirme a su importancia en la formación de nuestros estudiantes y lo que sucedió con esta publicación fue aún más interesante: en un mes de estar en redes solo hubieron dos participaciones.
En otros escenarios relacionados a la capacitación de docentes, he comprobado, como algunas ofertas de cursos relacionadas con la formación ética del estudiante o sobre la importancia del desarrollo moral o de sus competencias socioemocionales se han cerrado por el escaso interés mostrado por los docentes. En un porcentaje considerable la mayoría de docentes se anotan en cursos de capacitación relacionados a las metodologías y a las didácticas en general, me refiero a contenidos sobre aprendizajes en matemática, comunicación , ciencias y otros, ello ocurre tanto en los niveles de inicial, primaria y secundaria.
Esta comprobación empírica, observada durante algunos años, me lleva a una conclusión inicial: el interés predominante de los aspectos instrumentales de la enseñanza se ubican en orden de importancia, por encima de los aspectos formativos de la enseñanza. ¿Será cierto?
Probablemente, esto explica por qué en nuestras escuelas el trabajo formativo está frecuentemente relegado al desarrollo de acciones aisladas o a las buenas intenciones de algunos docentes preocupados en formar estudiantes que sean  buenas personas, más humanas. Estos docentes  logran resistir el  remar contracorriente o resisten el aislamiento de un sistema, que más allá de las normas y publicaciones, parece no darle el legitimo lugar a la formación humana de nuestros estudiantes.
Muchos de los problemas que vivimos como sociedad, tienen que ver con la persona: sus emociones,  sentimientos, valores, actitudes, sus estilos y formas de ponderar los actos y las circunstancias, sin embargo, de todo ello, la educación como sistema se ocupa muy poco.
Sin ánimo de generar un cuestionamiento al conocimiento  y la información que proporciona la escuela,  que considero importante también,  si puedo criticar el desequilibrio entre la carga informativa que ofrece la escuela y la carga formativa. Seguimos teniendo determinados privilegios por los contenidos matemáticos y comunicacionales y pensamos o creemos que la formación de la persona puede lograrse por generación espontánea, y es que desde hace mucho se sabe que la formación de actitudes debe también ser enseñada y formada. Hemos caído en el autoengaño de pensar que porque tenemos lemas, discursos los lunes de cada semana, tenemos hora tutoría y los tenemos escritos y subrayado en una programación como tema o contenido transversal, ya con todo ello es suficiente. ¿Autoengaño o poca efectividad? 
La educación como sistema no resolverá los problemas sociales de delincuencia, violencia, sicariato, consumo de drogas, prostitución y otros, sin embargo si creo que la educación: formación de la persona e instrucción, juegan un rol muy importante en la decisiones que día a día toman cientos de miles de personas y dentro de esas decisiones hay muchas que son equivocadas y que hacen daño a muchas personas también. 
Es paradojal, escuchar la crítica de autoridades y de políticos cuando se refieren al origen de los problemas sociales, le atribuyen generalmente a la mala educación la causa estos problemas. No obstante, cuando intentan resolverlos, definen nuevas leyes, sanciones más estrictas, persecuciones y redadas, pero no se incrementa el presupuesto educativo, no se emprende una acción decisiva para formar a las personas En pocas palabras, la educación tiene un reconocimiento casi unánime sobre la formación de las personas cuando se trata de encontrar causas, pero cuando se trata de encontrar soluciones, es lo normativo y punitivo lo que se plantea y a lo que se le asigna, también un mayor presupuesto. 
¿Será posible darle el espacio, el tiempo y la dedicación necesaria a la formación de la personas dentro de los espacios educativos, escolares? ¿Qué se requiere para tomar la decisión de hacerlo?



lunes, 6 de mayo de 2013

Carácter, voluntad, seguridad, autoestima

A menudo en distintos escenarios de discusión cuando tratamos de encontrar explicaciones sobre el rendimiento de nuestros estudiantes o sobre sus actitudes y valores, llegamos a dos puntos extremos  como conclusión: es el ambiente en el que se desenvuelve el que influye de manera determinante sobre  todo su comportamiento;  y la segunda explicación nos habla de aspectos internos y propios de cada individuo que determinan e influyen sobre sus comportamientos. Esta vieja discusión ha conducido a una tercera posición que es la de considerar una influencia combinada de ambos aspectos sin atribuir una determinación en ninguna de las partes, sino de una proporcional influencia que puede variar en función de la persona y sus historia. Esta última posición es , considero , la más aceptada y que muchas personas consideran como razonable.
No obstante, deseo poner un punto de reflexión y tal vez de controversia hablando de aquellos aspectos internos, propios, íntimos  que existen en cada uno de nosotros y que al final, digo, segundos antes de emitir una conducta, podrían evitar, suprimir o consolidar dicha conducta.
Cuando un estudiante, una persona toma una decisión, existen seguramente, muchos factores que influyen sobre ella, sobre la persona y sobre su decisión, sin embargo, cuando la persona emite dicho comportamiento, siempre tendrá la oportunidad de decidir si la emite o no. En ese proceso, seguramente entran en juego sus ponderaciones del hecho, entra en juego un juicio de valor sobre el hecho, pero siempre  es posible efectuar un cambio. Hay decisiones  complicadas y difíciles de tomar, los niños desde su perspectiva, los adolescentes y los adultos, están tomando decisiones constantemente y en cada una de ellas existen procesos internos que determinan si emiten o no una conducta específica. Cuando un niño agrede a otro niño, generalmente lo hace en reacción, pero ¿qué sucede si educamos su juicio y le ayudamos a ponderar la situación? Muchos dirán seguramente que eso no se puede hacer con un niño, y Yo considero que si se puede y se debe hacer. Naturalmente, no es la tarea más sencilla, puesto que como sabemos,  tenemos un factor en contra la poca experiencia social y el aprendizaje inicial de las regulaciones sociales también, entre otros factores ligados a su pensamiento. Sin embargo, si ésta fuera una de las tareas educativas, podríamos contar con adolescentes cuyos juicios y decisiones tomarían en más en cuenta, sus ponderaciones que valoraciones.
La gran pregunta es ¿cuáles son estas valoraciones, en qué valores se sustentan? En la literatura vamos a encontrar distintas perspectivas y explicaciones sobre los valores, sin perjuicio de ello, considero que para los que somos humanos, existe una sola categoría de valores que nos pertenecen y se llaman precisamente: valores humanos. Valores que no son aplicables a animales, ni a objetos, sino solo a los seres humanos. No podemos hablar de un perro justo, pero si de un hombre justo, no se ha visto un lapicero fiel, pero si a una persona fiel. Esos valores son nuestros y son sobre ellos que debemos ponderar todos nuestros actos.
Segunda cuestión ¿cómo lo logramos y que tiene que ver con el carácter, la voluntad, la seguridad y la autoestima? Lo logramos , si podemos fortalecer estos aspectos interiores  íntimos de la persona, que a lo largo de la historia han tenido diversas denominaciones. No es una casualidad, que una de las etimologías de la palabra ética, sea: carácter o forma a de ser. Surge a partir de su etimología, una posible explicación y entendimiento que para lograr ser un sujeto ético, vale decir, tomar decisiones prudentes y ponderar nuestros actos, requerimos de cierta "fortaleza" para sostener aquellos valores humanos y se conviertan en el criterio más importante. La conducta final, es decir,  en la fracción  de tiempo antes de decidir, radica en nosotros la capacidad de emitirla o no. 
Si confiamos en una educación que fortalezca estos aspectos, considero muy probable que podamos vivir en un mundo y en una sociedad, menos violenta, menos reactiva y más humana.

martes, 16 de abril de 2013

Aprender matemática

Creo sin equivocarme que todos nosotros en algún momento del aprendizaje de la matemática experimentamos emociones que iban desde la tranquilidad del juego hasta la angustia del abismo y el miedo de caer al vacío. 
Las estadísticas sobre las evaluaciones en matemática en la educación básica nos dicen que generalmente se encuentran por debajo de otros aprendizajes.
¿Qué hay de complicado en el aprendizaje de la matemática? ¿Es en realidad un aprendizaje de alta complejidad que solo algunos pueden  aprenderlo con suficiencia? ¿De qué depende aprender la matemática con éxito?
En mi experiencia personal, no sentí mucha simpatía por el aprendizaje de la matemática, pero no recuerdo exactamente cuándo empezaron estas dificultades, sólo sé que los últimos años de la escuela primaria, ya me resultaba difícil entender las operaciones y problemas que implicaban manejo de  la división y la diferencia (resta). No obstante, aunque nunca fui exitoso en esta disciplina, luego la sobrellevé, y curiosamente hoy después de muchos años, aún logro recordar algunos aspectos básicos conceptuales u operativos.
Abusando de compartir esta  experiencia personal, me permito hacer algunas reflexiones sobre el "fantasma matemático". Para aquellos que la enseñan, llamemos matemáticos, en su mayoría afirman que no logran comprender por que es que no la entienden y no la aprenden, y es que en verdad, cuando uno observa a un docente, lo resuelve con tal solvencia que la impresión que nos deja, evidencia sencillez y simplicidad. Pero, cuando nos trasladan al escenario de la demostración de lo comprendido uno se pierde en una confusión de pasos y cálculos y a veces también en comprensión.
Por otro lado, no siempre se encuentra una finalidad cotidiana del aprendizaje matemático, para qué no es útil en términos prácticos y cotidianos, Cuando uno aprende las cuatro operaciones básicas, pues casi nunca uno las olvida y es que en lo diario, siempre se van usando, para efectuar compras, para usar un crédito, para sacar cuentas de gastos, en fin, en cada una de estas transacciones las cuatro operaciones básicas son empleadas de alguna u otra forma. Con el resto de aprendizajes matemáticos no sucede exactamente lo mismo, obedecen tal vez a razones menos comunes y por cierto, menos frecuentes. Puede ser que el álgebra u otros similares cálculos matemáticos no encuentren cotidianamente un uso, sino solo en situaciones muy especiales. Salvo mejor opinión.
Creo entonces, por el momento que ubico dos factores que dificultan este aprendizaje: La falsa creencia del docente de que su aprendizaje es sencillo y se minimiza indirectamente a quien no la entiende. El segundo factor es su sentido y aplicabilidad en la vida cotidiana, de qué forma se emplea la matemática en lo cotidiano.
Finalmente, deseo referirme a un tercer factor, y es el que tiene que ver con la génesis de su aprendizaje. Piaget fue un gran investigador de la génesis del número en el niño y escribió mucho acerca de un conjunto de operaciones lógico-matemáticas antes de llegar al conocimiento formal del número. No es muy común que en educación esto se tome en  cuenta y si es así, se considera como un contenido a desarrollar, y la perspectiva de Piaget, no era la de desarrollar un contenido, sino de ayudar al niño a experimentar situaciones lógicas y a ir superándolas, naturalmente, tomando en cuenta sus capacidades y su ritmos madurativos. Todo ello significa que  experimentar operaciones , por ejemplo de seriación o conservación, no significa solamente que el niño pase por la experiencia, sino que la haga operativa. Esto último, es el concepto que certifica que vamos ingresando al concepto real de número y por tanto, de poder "operar" con él. Si los niños no operan (capacidad de manejar un proceso de ida y vuelta) la diversidad de situaciones antes de ingresar al aprendizaje formal de número, las probabilidades de éxito en la matemática disminuyen y si lo hacen, la probabilidad de éxito aumentan.
Tenemos entonces tres factores que considerar. Ustedes ¿qué opinan?

lunes, 11 de marzo de 2013

VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS

De manera creciente la violencia expresada en todas sus formas, desde las más abiertas hasta las más sutiles, se va convirtiendo en el comportamiento más generalizado.
¿Qué debemos y qué podemos hacer desde nuestro ejercicio como educadores y como padres?
Les copio  la dirección de este vídeo para la reflexión y también para la acción.

http://www.linkedin.com/redirect?url=http%3A%2F%2Fwww%2Eyoutube%2Ecom%2Fwatch%3Fv%3DNZp2LCPgX_s&urlhash=wxRf&_t=mbox_mebc

miércoles, 30 de enero de 2013

¿Por qué van los niños a la escuela?

Esta es una pregunta que en primera instancia, tiene una respuesta inmediata, claro, de nuestra parte y como adultos. Podemos responder diciendo que los niños van a la escuela porque deben o necesitan aprender ¿Aprender qué? También podemos responder diciendo que los niños requieren socializar, interactuar y aprender a convivir entre sus pares y con los adultos ¿Convivir de qué manera? O porque en la vida de toda persona requiere de la experiencia de vida y la escuela es una oportunidad controlada que durante once años le ofrece esa experiencia de vida ¿Qué tipo de experiencia?
Si le preguntamos a nuestros estudiantes ¿por que vas a la escuela? cuál será o serán sus respuestas. Muchos de nuestros estudiantes no manejan una respuesta elaborada, sino una respuesta estereotipada como: "venimos a la escuela porque debemos aprender". Los estudiantes que son adolescentes responden menos estereotipadamente, diciendo: "no sé por qué vengo a la escuela" o "voy a la escuela porque me han mandado mis padres" y algunos lo proyectarán al futuro diciendo "voy a la escuela por que quiero ser un profesional o porque deseo estudiar en la universidad".
Es muy probable que ellos, los estudiantes, si tengan una razón clara, válida o no, del por qué van a la escuela, pero lo que es muy difícil de comprobar, es si esas razones son las mismas que tenemos nosotros los adultos para convocarlos o para obligarlos a asistir. Me animaría a afirmar que no son las mismas razones.
¿Qué le ofrecemos a nuestros niños y adolescentes en las escuelas? Lo más común, es que cuando ellos llegan a la escuela queden sometidos a una estructura, a un sistema de normas, de contenidos y de intenciones pedagógicas que son impuestas "por su bien" y que muchas veces, ni siquiera son inducidos, motivados a asumir dichas estructuras. Con notables excepciones, existen propuestas pedagógicas que estableciendo un criterio de respeto a la persona del estudiante, lo van induciendo y van generando mecanismos de participación e integración para que las intenciones pedagógicas nazcan de un consenso o de un involucramiento y de una identificación progresiva. 
Caso contrario, nuestros estudiantes quedan únicamente sometidos a voluntades ajenas a sus expectativas, intereses y características propias de su edad. Qué delicado resulta, asumir la responsabilidad de tantas vidas, de tantas expectativas con la finalidad de formarlos y de educarlos.
Considero que no es una opinión tan desatinada, si propongo propiciar y ampliar el diálogo natural y democrático con nuestros estudiantes y construir propósitos e intenciones pedagógicas en un marco de entendimiento. La convivencia, los aprendizajes, las normas y las expectativas quedarían explícitas producto de esta construcción con sentido amplio. En breve plazo, seguro obtendríamos respuestas coherentes en maestros y estudiantes al encontrar razones válidas, conscientes y plenamente identificadas para responder ¿Por qué van nuestros estudiantes a la escuela?