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Polvo de estrellas

Escuchando precisamente una  canción de Jorge Drexler, cuyo título es el del presente post, me hacía pensar sobre nuestro recorrido en la vida y la docencia. El polvo de estrellas, nos deja un brillo resplandeciente pero fugaz, pasa y nos deja. Dice la letra de esta canción, toda vida es sagrada, la vida vale lo que vale un sol. ¿Cuántos niños y adolescentes pasan por nuestras vidas, por nuestras manos? Sus vidas son compartidas en nuestras escuelas. ¿Valen sus vidas lo que vale un sol? No dejaremos huellas, solo polvo de estrellas, eso nos dice Drexler. Interpreto como lo importante de iluminar, de dar luz, pero al mismo tiempo generar la autonomía en cada uno de ellos, ellos deberán ser ellos mismos y no nuestras huellas en su personalidad.
Hacer docencia es dejar polvo de estrellas en nuestros niños. Hacer docencia es valorar la vida de nuestros estudiantes, lo que vale un sol. Vale decir, son la vida misma, cada uno vale lo que la vida misma nos da. Siendo tan importantes y valiosos, que importante resulta hacer docencia con ellos, que delicado es tener entre nuestras manos el destino y la permanencia del sol, por el sol es desde una lectura, la vida misma. Si no hay sol, no hay vida, si eso valen la vidas de nuestros estudiantes, imagínense que enorme responsabilidad. 
Deseo que esta breve reflexión nos fortalezca en nuestras convicciones y al mismo tiempo nos permita renovar nuestro compromiso y misión de docentes.

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