domingo, 22 de mayo de 2016

EL VALOR DE PREGUNTAR

Durante la etapa escolar es muy frecuente que nuestros maestros y maestras, nos estimulen y recompensen por responder  preguntas: las que ellos formulan, las que vienen en los exámenes, las que dejan como tareas, en fin. Se suele enfatizar en el aprendizaje para saber responder preguntas y cuestionamientos, en fundamentar y argumentar nuestras respuestas. Podría arriesgarme  a decir, que un 90% de nuestros procesos de enseñanza se basan en las preguntas que hacemos y preparamos para que nuestros estudiantes respondan. Incluso en el área matemática, casi todo está orientado a resolver, o sea a resolver ejercicios, resolver problemas, que son una manera distinta, pero que al fin es lo mismo que responder preguntas.
¿Que sucedería si invertimos el sentido de la enseñanza en responder por la de preguntar? ¿Que sucedería si el énfasis es puesto en la formulación de preguntas, en la formulación de ejercicios y problemas matemáticos? Lo que planteo, no es nada nuevo, estoy seguro que muchos maestros lo hacen, pero es probable también que no sea lo más frecuente, en todo caso si lo novedoso y creativo.

Si alteramos el orden de un pensamiento "rutinario": responder preguntas, por el de formularlas, toda la lógica de construcción sufre un conflicto, desde mi punto de vista muy importante, porque abre el pensamiento y lo hace realmente operatorio, lo estimula para tomar perspectiva. lo hace reversible y todo ello además, orienta el pensamiento hacia un sentido crítico. Para los niños de los primeros años de escolaridad, los estimula hacia  un pensamiento operativo y para los adolescentes, les obliga a usar una capacidad con la que probablemente ya cuenten , pero nuestras prácticas educativas pocas veces explotan (en el buen sentido del término).

Es probable que si introdujésemos esta práctica en lo cotidiano desde los más pequeños tendremos estudiantes con un sentido un poco más crítico de lo que son actualmente. La formulación de una pregunta, que puede ir desde un conocimiento, un saber, un contenido, hasta la pregunta que uno puede hacerse sobre sí mismo y que lleva un mayor y más profundo análisis sobre nuestros propios comportamientos y actitudes, se convierten en operaciones muy importantes para el desarrollo del pensamiento. Estimulamos la reflexión ética y el sentido crítico.
¿Te  animas a probarlo?

2 comentarios:

  1. Me parece bueno el aporte, hacer una pregunta requiere conocer el tema, aunque suene contradictorio, se daria premio a las mejores preguntas, fantastico porque eso implica conocer muy bien el tema.

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  2. Gracias Dolores por tu comentario. Efectivamente hacer preguntas es un ejercicio que supone mucho más que solo la pregunta formulada.

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