jueves, 21 de mayo de 2009

Formación ética del docente (Primera parte)

¿POR QUÉ HOY EN DIA HABLAMOS DE VALORES, DE ÉTICA, DE CIUDADANIA Y DE CIVISMO?
Quisiera iniciar estas reflexiones haciendo una revisión de los principales factores, apoyado en el texto “Crisis y replanteamiento de la ética” de Alberto Simons sj; esta anunciada crisis nos hace sentir que los valores y que las sociedades se encuentran muy afectadas y algunas algo colapsadas, veamos:
a. Vivimos una moral de corte relativista, subjetivista, pragmática e individualista, al mismo tiempo una moral tradicionalista, legalista, dogmática y rígida
b. Por otro lado sentimos una crisis del sentido, ya que tanto los porqué y los para qué vivimos (fundamentos y fines) ya no son modelos compartidos socialmente, como tampoco el quién somos. Se ha tenido que recurrir a la filosofía moral para ver si ofrece modelos de fundamentación que valgan para cualquier persona, sea cual fuere su fe religiosa o secular.
c. Conjuntamente con el pluralismo, la diversidad confesional, el agnosticismo y el ateísmo que se van haciendo frecuentes entre nosotros.
d. Enfrentamos nuevos retos y problemas que no encuentran respuestas en la moral tradicional. Problemas que van desde la manipulación genética hasta la injusticia y discriminación social. Políticas pragmáticas.
e. Vivimos una cultura de la imagen. civilización del consumo.
f. Medios socio – culturales en que la violencia de todo tipo se ha vuelto ordinaria.
g. Vivimos en la Inmoralidad – amoralidad – y en la desmoralización.
h. Los medios han tomado el lugar de los fines y viceversa. El bien de las personas y el bien común pasan a segundo lugar.
Hoy se afirma por los científicos sociales que vivimos la etapa de la postmodernidad, y además de lo ya señalado encontramos características que se agregan a los factores ya mencionados:

  • Desencanto o decepción respecto de la razón que se convierte en: utilitarismo y pragmatismo. En consecuencia predomina un pensamiento débil. La postmodernidad no tiene esperanza de cambiar el mundo.
  • Se decreta el fin de las utopías, pues el cambio histórico total es imposible. No se cree en los “metarrelatos”. Fin de la historia – inmediatez del presente.
  • Pensamiento de fruición: disfrutar los momentos de la vida por sí mismos.
  • Esteticismo presentista, capacidad de vivir lo bello en el momento.
  • Tiempo del “YO” y del intimismo, de la meditación trascendental y del cuidado del cuerpo, de las dietas y los gimnasios.
  • Politeísmo de valores y consensos “blandos”: valores múltiples, disminuidos y parciales, de las relaciones nunca plenas. En consecuencia: una Ética débil y provisional.
  • Hiperindividualismo narcisista y hedonista: que se traduce en “el mínimo de coacciones y el máximo de elecciones privadas posibles, el mínimo de austeridad y el máximo de deseo”

Como reacción a las corrientes de estos pensamientos, hoy nos dejan efectos que en un primer momento parecieron buenos y hoy vemos con asombro que no lo eran tanto. Así como ejemplo más cercano, tenemos el de la economía liberal que parecía la solución a las grandes dificultades económicas de la humanidad, por el contrario vemos hoy en día los problemas que viene causando y la necesidad de hacer un control e intervención por parte del Estado.
Nuestras sociedades viven tremendamente influenciadas por estas corrientes de pensamiento y como podemos suponer la educación no escapa a estas influencias. Es interesante observar que en las últimas décadas y en todas las latitudes, en educación han surgido con muchas fuerza, programas, proyectos y propuestas educativas, cuyos énfasis están colocados en la formación en “valores” o en la “educación en valores” o en aspectos vinculados como educación para la ciudadanía, educación cívica, o educación intercultural, entre otras propuestas.

Sin duda, estamos ante la evidencia que algo estamos reclamando en la formación de nuestros niños y jóvenes, pero además, algo está aconteciendo, porque se ha convertido en una oferta de los sistemas educativos como muy necesaria. Hasta podríamos agregar que aquella propuesta educativa que no nos muestra como componente de su oferta el tema de los valores, casi podremos arriesgar a decir, que no es buena o que no es completa.
Hay una necesidad de enfatizar este componente formativo o mejor dicho orientador de la formación de los estudiantes. La paradoja de educar en lo que por esencia contiene ya la educación, es una evidencia de este énfasis, a veces, para mi opinión, desmedida o redundante. La educación aún antes de su formalización con la escuela, siempre fue en valores, no ha existido, ni existirá una educación neutra, exenta de valores, siempre los ha mostrado y ha intentado forjarlos, inculcarlos, catequizarlos o desarrollarlos. Lo cierto es que la educación en todos los tiempos mostró su intención axiológica. Sin embargo, la efectividad de esta intencionalidad no ha sido la esperada y me atrevería a formular algunas explicaciones al respecto:
· Esta intencionalidad, se quedó en ella y no logro su cometido,
· Esta intencionalidad solo fue enunciativa y nunca se concretó en acciones pedagógicas, o
· Fue tan impositiva que ocasionó una reacción contraria
Es por ello, que hoy se manifiesta esta intencionalidad y se declara, y se podría decir que casi todos los sistemas educativos están en la obligación de declararlas. Lo que puede ser una prueba del compromiso de las instituciones educativas ante determinados valores.
Otro aspecto que vale la pena mencionar en estas reflexiones, es el referido a los ciudadanos, a los individuos que forman parte de esta sociedad. Conductas sociales como la violencia, la corrupción, el abuso, la discriminación y la intolerancia, se han constituido en características de casi todas las sociedades, y más evidentes en América Latina. No es necesario mencionar casos, los tenemos casi todos en la memoria y los que no, los medios de comunicación e información se encargan de recordarlos en los noticiarios.

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