domingo, 13 de diciembre de 2009

Pensando en voz alta

La oportunidad de reflexionar y renovar  nuestros compromisos debe ser  permanente, no debería requerir de épocas o de un mes en especial como el presente. Sin embargo, bajo cualquier situación o momento exige de nosotros de una gran disposición para hacerlo con una dósis importante de objetividad y de manera auténtica, tarea que parece sencilla y fácil, pero quizá es el acto más complicado como seres pensantes.

La tradición, costumbre o creencias nos llevan generalmente en estas épocas a hacer balances de nuestras acciones personales y profesionales en los distintos ámbitos donde nos desenvolvemos, es así que estas fiestas resultan para muchos, propicias para efectuar una evaluación y una renovación de compromisos, pero también cabe una disolución de los mismos. En este marco, la educación ocupa un punto necesario para el inicio de la presente reflexión.


Para aquellos que sentimos la educación de nuestro país como un centro de nuestras preocupaciones y acciones, puede resultar propicio hacer un balance de nuestro accionar en relación con la educación misma. No es decir algo nuevo, que la situación de la educación de nuestro país requiere y exige una acción y un esfuerzo permanente para lograr su cambio. La población estudiantil en nuestro país  es enorme por encima de los 4 millones, la cantidad de instituciones educativas a nivel nacional superan las 40 mil y la dimensión geográfica en las que están distribuidas es tan amplia como el millón doscientos mil ochenticinco kilómetros cuadrados de nuestra extensión territorial. Estas dimensiones podrán variar en cifras más o menos, pero su volumen y su complejidad  demanda de todos nosotros un compromiso total para que desde nuestras ubicaciones podamos aportar y construir el cambio.
Sin que esto parezca una excusa, resulta muchas veces insuficiente que toda medida sea esta buena o no muy buena, por decir lo menos con relación al mejoramiento de la calidad educativa,  parece insuficiente y casi no se siente el impacto, sin embargo no es posible dejar de avanzar aunque lo que se haga o se pueda hacer parezca que no ha movido un centímetro la calidad.


¿Cuánto estamos haciendo cada uno de nosotros para mover algunos centímetros la calidad de la educación? Y la pregunta no va únicamente desde un sentido macro o nacional, sino desde nuestras propias ubicaciones personales. ¿En qué estoy pensando cuando me encuentro con mis estudiantes, cuando debo generar en  ellos aprendizajes, cuando converso con ellos, cuando programo, cuando evalúo sus aprendizajes, cuando desarrollamos algún contenido? ¿En qué medida estoy  contribuyendo a la construcción de la calidad educativa?
Todo ello tiene sentido si lo hacemos con claridad de consciencia, si todo ello constituye un aporte, una contribución, una colaboración al presente y el futuro de nuestros estudiantes. Esto demanda absoluta preparación, así como cuidado y acompañamiento de nuestros estudiantes.
Finalmente, ¿Podemos esperar que otros construyan la calidad de la educación mientras nosotros observamos desde el balcón, para luego unirnos o por el contrario hacer de frente opositor?

1 comentario:

  1. César, verdaderamente muy interesante y profunda la reflexión. ¿ Cuántos y cuántas haremos este examen en estas fiestas? esperemos y deseemos que seamos varios por no decir muchos...
    Nuevamente Felicitaciones y Éxitos!!!

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